El 5 de marzo de 2014 Leopoldo María Panero migró hacia otras latitudes, tras la palabra, hacia esa brecha tan conocida que le esperaba larga y tendida al final de su disfraz de humano. Ese día, que se parece a todos los días, la cola de un poema se alargó hasta desaparecer en su boca. No me gustan los homenajes, pero creo en reconocer el peso de la sombra de hombres y mujeres que, de alguna manera, han contribuido a que mi propio deseo tome una forma, dirigiéndose hacia algo, sea esto lo que quiera que sea. Los cultivadores de las pesadillas, las alegrías y los campos interminables de sembrados en el mundo ficcional de la cultura, grato escondite de lo puro real. Así, no me queda más que rendir homenaje y viscosa pleitesía al gran Leopoldo María con fragmentos de su texto “El Golem”. Donde quiera que estés, gracias por lo que nos has dejado, lamed wufnik.

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EL GOLEM – Leopoldo María Panero

“¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen.
Alguien que se desvanece en el aire hasta
hacerse impalpable, por muerte, por ausencia,
por cambio de costumbres.”
James Joyce.

Dicen que, cada veinte años, en el ghetto judio de Praga, aparece un hombre que es todos los hombres; dicen que cada veinte años se tiene miedo de ver a un hombre.
(…)

Por la mañana, en el jardín donde aún muere, se escucha a los pájaros decir para su nombre: y el agua cae y lo borra.
Porque este hombre tuvo alguna vez un nombre, y fue un pie sobre la tierra, pero ya no lo tiene.
Su vida imita a la muerte, que conserva apresado su nombre. Y la muerte lo envidia, porque es más bello que ella, y se parece más que ella a la muerte.
Sus amigos son recuerdos de una pesadilla, y voces de la locura.
(…)

La vida se posa a tus pies como un pájaro muerto. Cuando anochece y te duermes, con dificultad porque estás demasiado despierto, se oyen cánticos de iglesia, porque la voz de la iglesia es la voz de la muerte.
Tu vida es aún la inexplicable penúltima: para ti, que has rozado la última letra.
Para ti, que has soñado con la última letra y que dedicaste a ella toda tu empresa poética.
Que lo sacrificaste todo por ser un hombre cierto: y he aquí que un hombre cierto es un fantasma.
Un hombre que aparece cada veinte años, en el ghetto judío de Praga, para recordarles a los hombres que hay algo peor que el sueño, y que ese algo peor se llama conciencia. Conciencia, sí, muerte y nada de la vida. Porque si la muerte es sueño, este estado no se parece tampoco a ella: ni al paraíso, ni al infierno ni al limbo, sino tan sólo a la nada, a la amistosa nada que niega y se ríe de mis recuerdos.

Porque los hombres comentan aún mi existencia como si la de ellos fuera, pero aparece un reflejo de miedo en sus ojos cuando intuyen que vivo, que existo en medio de espectros, de hombres que sueñan y sueñan más y más, y no despiertan nunca.

Yo soy un lamed wufnik, yo soy aquél que posibilita la vida, y sobre mí descansa el peso del mundo.

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1. Lo que sucede cuando la realidad se suspende es materia de deseo.

2. El deseo mismo, por tanto, habita en la piel de la suspensión de la incredulidad, lo forma, lo atraviesa. Lo imprime de movimiento. Hacer de la realidad algo incrédulo es la intención no siempre manifiesta del espectáculo, ya que si la presencia del objetivo fuese evidente, eclipsaría eso que llamamos magia, la sangre del artefacto. El efecto de entrever el funcionamiento del deseo resulta cemento en campo de algas.

3. Stone Junction (o en su edición anterior en castellano “Introitus Lapidus”) es la instrucción, el manuscrito, de un viaje acompañado que se actualiza en la presencia del lector, cobra vida y serpentea. La presencia de Dodge se hace manifiesta (lo que suele ser un error de escritor omnipresente, en este caso es un alivio) porque en todo momento quien lee posee la certeza incómoda de que le está siendo mostrado algún tipo de secreto, un mensaje entre líneas que acampa de alguna manera sutil y deliciosa.

4. En Stone Junction hablamos de confianza. Hablamos de la posibilidad de que la realidad siempre sea algo distinto a lo que ocurre, no por inconformismo o inmadurez, sino por la propia base ontológica del ser, del cuerpo. No queremos que los Reyes Magos vuelvan, queremos volver a poseer el deseo de crearlos. Nombrar la cara oculta de la luna no cuestiona su presencia real, sólo la acepta y la utiliza en el beneficio del denominador. Eso es Stone Juction. Para eso, usa el Disfraz.

5. El Disfraz, en Holy Motors, es el poema. El poema se alimenta del deseo, el esqueleto es tan volátil que gime incomprensible en la mayoría de las ocasiones, se tambalea borracho por los recovecos de la catedral llena de columnas, pero reconocerás que en el encuentro surgen chispas que no son comprensibles de necesidad.

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6. Holy Motors (la película) trata sobre el esfuerzo del espectador para aceptar la renuncia a la incredulidad. Holy Motors (el concepto) trata sobre el esfuerzo del ser humano de aceptar la renuncia a la ilusión estática de la presencia corporal. Y sobre todo, de cómo se revuelve para intentar superar algo que a sí mismo le supera, preocupado por bailar con sus máscaras mientras fabrica, produce, hace y deshace sin apenas descanso. Trata, pues, sobre el deseo. Y qué mejor metáfora que el mismo cine, acciones de deseo llevadas a cabo por personajes que se mueven para deleite del espectador. Apoteosis vicaria. Como siempre, sólo que ahora, lo sabemos con más minuciosidad en el detalle.

7. Debe haber un puente, una coma, un fotograma que se encuentra oculto en una cueva, dentro del estómago de un león, que está en el estómago de una ballena, que está en el estómago de una tortuga gigante que yace dormida a su pesar. Debe cruzarse ese puente con el acto mismo de la escritura, recuperar el pulso ancestral de todos esos animales a través del gesto de la creación. Parece estúpido. Pero es materia perceptiva. Magos y forajidos. La linterna mágica. La evidencia de la certeza de que, desde el otro lado, debe suceder todo aquello que a este lado no es percibido. Sólo (¿sólo?) es necesario el esfuerzo de construir la posibilidad, el espacio de sucesión de lo narrado. De la tierra a la luna en unos minutos, pasando por la renuncia a una madurez mal asumida, sin callo, sin templanza. Holy-Motors-Motion-Capture

8. El camino del escapista, del alquimista, del tahúr, es el del que se ha comprometido con el arte de la sombra, el jardinero de lo que no sucede a la vista. Stone Junction es un manual de aforismos expandido, con la dulzura de un pastel infantil y la sabiduría de la boca de un viejo, que se olvida, que se elude, pero que aparece como el final de un camino que siempre está en construcción. Además, en su Disfraz es una novela divertida, conmovedora. Dan ganas de hablar con los demás, con los humanos, conociéndonos múltiples, eludiendo ser el centro de nada, cuando la nada es lo único gratuito a lo que no queremos acceder. Una novela que invita a la comunicación universal.

9. Holy Motors es un paseo sobre el espectáculo, lo orgánico y los restos que dejamos sobre lo que vamos construyendo. Un lamento replicante, ante la nueva venida de su versión parricida. Todos replicantes, todos embebidos en el Disfraz. Por eso incomoda en ocasiones, porque la poesía está Disfrazada y eso, en ocasiones, molesta. Vivimos en la certeza científica, ¿no es eso? Igual la única certeza es la del Disfraz.

10. Dos propuestas, por tanto, que hablan de lo bello y lo siniestro. De los dos lados de lo transitable. Ese cuento de hadas en que había dos caminos, uno fácil y otro difícil. Uno oscuro, farragoso y otro diáfano, luminoso. ¿Cuál escogías? ¿Te surge la duda? Esa es la razón del deseo: la razón reconocible de toda duda que anida en el poema.

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Stone Junction en su edición española, aquí

Holy Motors, ficha de IMDB, aquí