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Está en la línea que muerde las coordenadas del poema.

Está en la patria del gesto que cae como una doncella en un bucle de sus pies -verdugos- entrelazados.

En cada uno de los rituales está, la copia intolerable del beso. Helicoidal y compasivo, el silencio se envejece por los cauces de la paridad: escaso de torpe. La distancia entre la muerte y la vida, es cada vez más triple, puro rizoma que alcanza los ojos de los animales. Pérdida del camino, encuentro de los tontos.

No sabemos amar desde el objeto.

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