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Arte y terapia: “Echolilia”, de Timothy y Elijah Archibald

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¿Qué es la terapia? ¿Qué es terapéutico?

Cuando los medios promocionan trabajos como Echolilia se tiende a enfatizar la parte “terapéutica”: el acercamiento, en este caso, de un padre (Timothy, fotógrafo) al autismo diagnosticado de su hijo Elijah (diagnóstico que el propio Archibald pone en duda, a menos en la rigurosidad de la nominación). Pero quizá es una forma de perderse en lo moral, en una especie de alivio porque alguien ha alcanzado algo que el resto no puede. El impacto emocional de las historias de superación, ese lugar común donde van a parar tantos y tantos proyectos que, en realidad, perseguían objetivos más profundos y personales que lo que el espectador recibe de ellos. Quizá, si nos dejamos llevar por el trazo emocional, nos estamos perdiendo un porcentaje fundamental del valor de autenticidad de este proyecto. De manera que la propuesta es entender la terapia (en concreto del “otro”, si hablamos de proyectos a los que asistimos como espectadores) como algo más que un resultado del que estar complacido por simpatía.

Así que, en ese sentido, digamos que todo esfuerzo por establecer comunicación con el otro se trata de arte y, de alguna manera, en relación a un malestar podría establecerse como terapia. Por tanto, sí, hablemos de terapia y arte, pero porque estamos ante un despliegue hermosísimo de un acompañamiento mutuo, de una verdadera pareja artística que utiliza las herramientas para comprender (¿acaso no comprender no es ya un malestar en muchas ocasiones?), regalando al ojeador el espectáculo de sus dinámicas fotográficas.

Comenta el propio Archibald que las imágenes del proyecto son una colaboración con su hijo y que, por tanto, se trata de un reportaje sobre una relación, su relación. Las decisiones se toman en conjunto, las elecciones, los resultados. La realidad se conforma en una nueva narrativa (no en vano, el lema del proyecto es “Sometimes I wonder”) que permite nuevas posiciones en relación al eco de algunas acciones cotidianas, apropiaciones de la identidad, de los objetos, una suerte de puntos de encuentro con aquello que, en ocasiones, es tangencial e incomprensible para ambas partes. Se juega, pues, detener el instante de la repetición para poder asimilarlo. En un mundo-arteria de movimiento incesante, la fotografía vuelve a demostrar su capacidad de reclamar el espacio y el tiempo.

Echolilia, por tanto, es un ejemplo de lo que podría ser un movimiento multiversal de pareceres, una ramificación tras otra de distintas entradas perceptuales: consideraciones sobre la misma vida que parten de diferente posición (¿acaso no siempre lo hacen?) y se encuentran a través del ojo túnel-espectador de la fotografía.

Video presentación de los autores, aquí

Página web oficial, aquí

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Arte y terapia: “My wife’s fight with breast cancer”, de Angelo y Jennifer Merendino

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12-29-2011 Following the hearse to Jen's burial

Alejarse de los tópicos sobre el Arte es entenderlo, con mayúsculas. Frente a la pregunta de qué es eso tan escurridizo del Arte, no hay más que remitirse a las pruebas: es aquello que el ser humano es capaz de hacer, que conmueve los cimientos de una concepción propia de la realidad, realizando la capacidad de albergar en su seno -en el interior de lo producido- lo oculto, lo oscuro, lo insostenible. Es la telaraña de Spiderman. Los tentáculos del Dr. Octopus. Las garras de Lobezno. El Arte es, sin duda, un arma personal y absolutamente transferible hacia un otro y el yo mismo que es nuestro propio Otro (ese del que se sabe, pero nada se sabe), esta es su razón de existir.

Así que, como comentaba, a las pruebas me remito. El proyecto que se presenta en esta entrada del blog no necesita de más palabras. La evidencia de las posibilidades del arte, en este caso, la fotografía, como herramienta de construcción y flujo capacitor de contingencia, como dotación de control de lo insostenible, es diáfana, luminosa. La producción conmueve por su sinceridad, por la luz de la constatación de un esfuerzo en contra de una corriente insoportable. Este resultado nos brinda algo que no todas las personas podrán decir de sus obras: una asunción narrativa, una deconstrucción de la adversidad que deviene en respeto, sea cual sea la matriz en la que la realidad continúa sucediendo.

Más allá de la moral, en brazos de la definición más hermosa de la ética que se pueda plantear, la de la responsabilidad, el magnífico trabajo personal y homenaje a otro ser humano, a una relación, a una concepción determinada del amor y el acompañamiento. El proyecto pre y postmortem del fotógrafo Angelo Merendino.

Una historia de Arte.

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Fuente oficial, página del proyecto, aquí. Facebook, aquí.

Visto aquí (gracias a Furiamag por el enlace)

METAcontextos (VII): El corral de los fantasmas: Steinert, McCaw y Duchamp.

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Otto Steinert, Boulevard St Michel, Paris, 1952

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Marcel Duchamp ~ Minotaure no. 6, 1934

 

Quizá al fantasma del pozo le atrae la concreción del agujero negro que, boca o vórtice, alimenta las profundidades nutridas en ambos sentidos. El uno y el otro, borde y no-contenido, secuestran la ventaja de lo que es tangible, inaugurando el paso de las sombras como un flujo continuo. Es en esa dificultad de encontrar el cuerpo-carne más allá del dolor donde aparece la certeza del cuerpo geométrico, el cuerpo de Lo otro.

Como alternativa a la mirada que cae hacia el centro del agujero, la posibilidad de la ausencia se soporta a partir de la vibración del límite mismo, como en la aparición del sonido en la copa de agua, circunferencia de cristal, hábilmente acariciada.

El círculo que duele porque es uno. La añoranza de siempre, el ideal de la unidad perfecta, el modelo que ha consolado el afán redentor de la carne.

En el quebrar de la forma, lo que atraviesa es vector perpendicular necesitado de sí para traspasar el umbral del plano que lo conjuga. Mientras el límite del círculo es tan concreto como vértigo (los antiguos lo sabían) el límite del cuerpo que lo observa, allá donde éste se dirige, se encuentra dibujado contra el espacio habitante, desde su indeterminación de carne-espíritu que tiembla. Inaccesible a la razón, imposible de tocar y preñez de incertidumbre. Es en esta intolerancia científica donde aparece una razón virtual de intercambio perverso: lo que no es dado es susceptible de suceder, antes, ahora y siempre.

El significante se desdibuja en el apareamiento de la forma, comprometiendo al encuentro de la carne. La carne siempre se encuentra en la producción transformada en la materia; está implícita en el encuentro que le piensa, no en el acontecimiento que allí es escogido en virtud del tiempo que designa ese ahora infinitésimo.

Así que tenemos un concéntrico que acometer para millones de fantasmas. Un corral de cuerpos inasibles. Hay sitio para todos: laberinto de significados que no desean pertenecer a nada en concreto. Más allá de la nominación del encantamiento, el fantasma cae por enésima vez. Así cobra valor su presencia.

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Créditos:

Fotografía de Otto Steinert, Boulevard St Michel, París (1952)

Waiting, de Dan McCaw

Minotaure nº 6 de Marcel Duchamp (1934)

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Generación de fantasmas

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Una generación de fantasmas se caracteriza por su pasado como seres no deseados, desde un presente en que la capacidad de movimiento está calcificada. Los fantasmas así deambulan en un pandemónium de imágenes, convertidos en estructuras de un engranaje que, a pesar de la expansión, dificulta sobremanera la posibilidad de desear.

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METAcontextos (II): Silence, de Dora Maar (1936)

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Está en la línea que muerde las coordenadas del poema.

Está en la patria del gesto que cae como una doncella en un bucle de sus pies -verdugos- entrelazados.

En cada uno de los rituales está, la copia intolerable del beso. Helicoidal y compasivo, el silencio se envejece por los cauces de la paridad: escaso de torpe. La distancia entre la muerte y la vida, es cada vez más triple, puro rizoma que alcanza los ojos de los animales. Pérdida del camino, encuentro de los tontos.

No sabemos amar desde el objeto.

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Formas de lo ausente (III): “R.I.P.”, de Felipe Almendros y “The dad project” de Briony Campbell

La presencia del padre más allá de la muerte. La presencia del padre antes y después, durante el acto de desaparecer de forma física, de permanecer en el anverso de la broma infinita. La necesidad de contrastar la duda o la conversación pendiente. El proceso del hijo, la hija, poseedores de las herramientas para dejar una constancia más allá de las suposiciones de que lo que sucedió también puede ser recuperado, digerido, reconstruido. El hueco de lo que se perdió aloja la posibilidad de una nueva presencia.

Y la novedad puede ser introducida por las manos del artista. Por su mirada. Por tener la suficiente honradez como para observarse a sí mismo sin tener miedo de la mirada de aquel que no está. Desde el respeto, o la rabia, o simplemente la curiosidad. O la bondad por cuidar del propio cuerpo, de la propia integridad. Y de la del padre, inevitable lugar.

R.I.P. de Felipe Almendros (o mejor dicho, de Alfonso Almendros, tal y como indica en la portada, decisión justificada en el magnífico broche con el que culmina la parte central del cómic) es una perfecta máquina orgánica. En un derroche de contrarios, lo bello y lo siniestro, el blanco y el negro, la recta y el temblor, la libertad y la atadura, lo simple y lo complejo, Almendros consigue realizar un libro para sí mismo que, como las grandes obras de arte, siempre está al servicio universal: no hay nada casual, descuidado. En R.I.P. se habla desde la angustia, el goce y el cariño reales, sin imposturas, con cada página realizada como una sola idea compositiva, con una lectura sincera y por ello extremadamente compleja porque, como el buen cine, siempre deja un “algo más” cada vez que se termina.

Y RIP es, sobre todo, una oportunidad. La de reestructurar lo que se perdió. La deconstrucción cercana. El homenaje a uno mismo y a lo que se ha querido. La constatación de ese hecho.

Como en “The Dad project”, de Briony Campbell. La fotógrafa reordena el mundo a través de sus ojos, a través del enfoque, la composición y la edición de las imágenes. Se mira a sí misma, reordena y acepta, a través de la constatación de la presencia y la posibilidad de reescribir lo sucedido desde el punto que se decida elegir. Y otorga al padre un lugar diferente en este hecho que le atañe, le da la posibilidad de entender de otra manera a su propia hija, de entender aún más qué deja y a quién deja al cuidado del mundo. Desde una exquisita elección de las fotografías, el proyecto hace patente la dignidad de lo real, la posibilidad de no avergonzarnos de lo que sucede, de tratarlo y proceder a su transformación.

El arte como reordenación. El arte como alquimia. Como reconstructor de lo real.

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REFERENCIAS:

Página web oficial de Briony Campbell (donde se puede ver su edición de las fotografías del proyecto y una pequeña edición en vídeo), aquí
Edición del mismo proyecto a cargo de los fotógrafos de Ruido Photo, aquí
Entrevista a Felipe Almendros, aquí
Página web oficial de Felipe Almendros, aquí
 
 

DESMANTELAMIENTO Y REBELIÓN (I) – PIZARNIK-ROTHKO-7punt7.net

“La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos”

Alejandra Pizarnik

Cuando el sistema roza el límite de lo soportable, recordemos la presencia del arte.

Si un sector de la población ha inventado, extendido, inoculado, registrado, denostado, transformado, apoderado y obligado a la presencia del concepto de crisis, ¿por qué no aprovechar la cosecha? Lo importante no es el hecho de que exista o no algún tipo de crisis económica, de valores o moral, lo importante es que el sistema evidencia que necesita movimientos por parte de los sujetos que forman sus grupos sociales. Ya está, por si quedaba duda de que esto nunca se para, viene el exterior a recordar, a imponer de alguna forma, la necesidad artística.

Desde el arte se propone el desmantelamiento del sistema cerrado mediante la aprehensión del sujeto, desde la afirmación del momento presente, desde la producción. Erigirse, de manera individual, como creador, desequilibrando la plataforma cebada de animal consumidor, oyente involuntario de hilo musical de la consulta del dentista. Como inspiración de hoy, os propongo tres ejemplos bien distintos: el reordenamiento y comprensión de Pizarnik desde sus poemas, el abismo-lugar de Rothko y la fabulosa muestra de lucha visual que es la revista digital de fotografía 7punt7, de Ruido Photo.

Mirar hasta pulverizar la rosa, para comenzarla de nuevo. Con otro nombre o, simplemente, con otro sabor.

Eso se llama rebelión. Lo demás es, simplemente, rabia.

Poema de Alejandra Pizarnik

Untitled (1968) Mark Rothko

Revista digital de fotografía de Ruido Photo, 7punt7