“La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos”

Alejandra Pizarnik

Cuando el sistema roza el límite de lo soportable, recordemos la presencia del arte.

Si un sector de la población ha inventado, extendido, inoculado, registrado, denostado, transformado, apoderado y obligado a la presencia del concepto de crisis, ¿por qué no aprovechar la cosecha? Lo importante no es el hecho de que exista o no algún tipo de crisis económica, de valores o moral, lo importante es que el sistema evidencia que necesita movimientos por parte de los sujetos que forman sus grupos sociales. Ya está, por si quedaba duda de que esto nunca se para, viene el exterior a recordar, a imponer de alguna forma, la necesidad artística.

Desde el arte se propone el desmantelamiento del sistema cerrado mediante la aprehensión del sujeto, desde la afirmación del momento presente, desde la producción. Erigirse, de manera individual, como creador, desequilibrando la plataforma cebada de animal consumidor, oyente involuntario de hilo musical de la consulta del dentista. Como inspiración de hoy, os propongo tres ejemplos bien distintos: el reordenamiento y comprensión de Pizarnik desde sus poemas, el abismo-lugar de Rothko y la fabulosa muestra de lucha visual que es la revista digital de fotografía 7punt7, de Ruido Photo.

Mirar hasta pulverizar la rosa, para comenzarla de nuevo. Con otro nombre o, simplemente, con otro sabor.

Eso se llama rebelión. Lo demás es, simplemente, rabia.

Poema de Alejandra Pizarnik

Untitled (1968) Mark Rothko

Revista digital de fotografía de Ruido Photo, 7punt7

Mucho se ha escrito de Noguera desde que se empezó a poner de moda, pero eso no le quita mérito. Porque ser o no tendencia es una cuestión que a veces no depende de lo que uno hace (de su arte de facto) sino de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado o, simplemente, de que te coloquen en él a partir de cierta relación pública más o menos acertada.

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El caso es que, se diga lo que se diga, Noguera es un auténtico CONTRABANDISTA METAREAL. Y ese es el éxito de su humor, para quien lo soporte, claro, que el viaje no es fácil. No todo el mundo es capaz de probar las hormigas culonas. Y una vez probadas, a no todo el mundo le gusta el sabor.

Bailando por el borde, Noguera puede traer y devolver al mundo ideas tan ultra-reales que asombran, asustan y asquean por lo que tienen de posible-imposible. No es el chiste de patada en la gónada, no es el chiste costumbrista. Es pasarle al patriarcado del positivismo un pañuelo lleno de mocos por la cara y encontrar una razón lógica para hacerlo y que, a su vez, este gesto parezca natural, necesario e irreverente. Que parezca dentro de un orden. Que parezca que ridiculizar el estatus de la normalidad sea lo que la normalidad siempre pide a gritos. En definitiva, lo que consigue Noguera es que lo anormal devenga una consecuencia natural de lo esperado.

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Algo similar sucede con la integración de los personajes en el universo de Li Wei. Hay algo de tocar el borde hacia la construcción de un irreal que acaba siendo familiar y necesario. Nos dejamos llevar de la mano, esperamos el regalo de volver a pensar que la planicie estéril en que se ha convertido todo esto que vemos en esta plaga de imágenes aún tiene mutaciones.

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Una carcajada cruza el estómago de nuestra infancia adulta ultrapostmoderna porque encuentra que hay alguien que sigue -por suerte- empeñado en estraperlar con lo único que nos queda para resistir el erial-karaoke en el que nos hemos metido: el humor.

El humor como soma entre planos de realidad.

El humor como cóctel molotov en la guerra de los planos.

El humor como calostro contra la estupidez. Miguel Noguera y Li Wei. Absolutamente imprescindibles.

LINKS:

Blog de Miguel Noguera

Ultrashow de Noguera en Vimeo

Web de Blackie Books

Web de Li Wei