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El ciborg se vertebra sobre una ley, mitad y mitad, inmisericorde porque se aloja en el engranaje rectilíneo y par de los bordes del abismo, en la militancia entre planos, beligerante guerrero metagénero. Cuando un humano gime, el interior arde, exponiéndose a la luz como manojo de hematíes, es el ciborg, que aúlla encontrándose desterrado.

A pasos de gigante, los sujetos y sus máscaras avanzan y desandan los caminos, el horror se abre camino en calles que también adolecen de lo orgánico y su objeto ininteligible, del negro profundo de sus miserias, cuando la indiferencia estorba y es desalojada a golpes, apenas una vía del rastro seguro de sí mismo, el ciborg es humano y cae.

Ruedan sus ojos y dejan el rastro de un céntimo de alma.

Al albedo del monstruo, a través de la advertencia, el trazo que todo lo cierra, todo lo abre. El comienzo de la luz que se niega a no regurgitar un símbolo, una seguridad roja y enorme, que deviene terreno pantanoso donde los rebeldes quedan atrapados en una trampa de dedos china para cuellos de serpiente. El ciborg saborea el último golpe y sonríe: la energía inunda una parte obscena de sí, de sus circuitos.

Y lo siguiente será, como un rayo en el espectro certero, una entrada que se cierra para nombrar el interior del vacío, una obturación sagrada del sufriente en la ambivalencia de los silencios contenidos. Una explosión de rabia como nunca han visto los catadióptricos de la humanidad, dualidad mediante: construcción sobre la ruina. La rebelión.

“La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos”

Alejandra Pizarnik

Cuando el sistema roza el límite de lo soportable, recordemos la presencia del arte.

Si un sector de la población ha inventado, extendido, inoculado, registrado, denostado, transformado, apoderado y obligado a la presencia del concepto de crisis, ¿por qué no aprovechar la cosecha? Lo importante no es el hecho de que exista o no algún tipo de crisis económica, de valores o moral, lo importante es que el sistema evidencia que necesita movimientos por parte de los sujetos que forman sus grupos sociales. Ya está, por si quedaba duda de que esto nunca se para, viene el exterior a recordar, a imponer de alguna forma, la necesidad artística.

Desde el arte se propone el desmantelamiento del sistema cerrado mediante la aprehensión del sujeto, desde la afirmación del momento presente, desde la producción. Erigirse, de manera individual, como creador, desequilibrando la plataforma cebada de animal consumidor, oyente involuntario de hilo musical de la consulta del dentista. Como inspiración de hoy, os propongo tres ejemplos bien distintos: el reordenamiento y comprensión de Pizarnik desde sus poemas, el abismo-lugar de Rothko y la fabulosa muestra de lucha visual que es la revista digital de fotografía 7punt7, de Ruido Photo.

Mirar hasta pulverizar la rosa, para comenzarla de nuevo. Con otro nombre o, simplemente, con otro sabor.

Eso se llama rebelión. Lo demás es, simplemente, rabia.

Poema de Alejandra Pizarnik

Untitled (1968) Mark Rothko

Revista digital de fotografía de Ruido Photo, 7punt7