La presencia del padre más allá de la muerte. La presencia del padre antes y después, durante el acto de desaparecer de forma física, de permanecer en el anverso de la broma infinita. La necesidad de contrastar la duda o la conversación pendiente. El proceso del hijo, la hija, poseedores de las herramientas para dejar una constancia más allá de las suposiciones de que lo que sucedió también puede ser recuperado, digerido, reconstruido. El hueco de lo que se perdió aloja la posibilidad de una nueva presencia.

Y la novedad puede ser introducida por las manos del artista. Por su mirada. Por tener la suficiente honradez como para observarse a sí mismo sin tener miedo de la mirada de aquel que no está. Desde el respeto, o la rabia, o simplemente la curiosidad. O la bondad por cuidar del propio cuerpo, de la propia integridad. Y de la del padre, inevitable lugar.

R.I.P. de Felipe Almendros (o mejor dicho, de Alfonso Almendros, tal y como indica en la portada, decisión justificada en el magnífico broche con el que culmina la parte central del cómic) es una perfecta máquina orgánica. En un derroche de contrarios, lo bello y lo siniestro, el blanco y el negro, la recta y el temblor, la libertad y la atadura, lo simple y lo complejo, Almendros consigue realizar un libro para sí mismo que, como las grandes obras de arte, siempre está al servicio universal: no hay nada casual, descuidado. En R.I.P. se habla desde la angustia, el goce y el cariño reales, sin imposturas, con cada página realizada como una sola idea compositiva, con una lectura sincera y por ello extremadamente compleja porque, como el buen cine, siempre deja un “algo más” cada vez que se termina.

Y RIP es, sobre todo, una oportunidad. La de reestructurar lo que se perdió. La deconstrucción cercana. El homenaje a uno mismo y a lo que se ha querido. La constatación de ese hecho.

Como en “The Dad project”, de Briony Campbell. La fotógrafa reordena el mundo a través de sus ojos, a través del enfoque, la composición y la edición de las imágenes. Se mira a sí misma, reordena y acepta, a través de la constatación de la presencia y la posibilidad de reescribir lo sucedido desde el punto que se decida elegir. Y otorga al padre un lugar diferente en este hecho que le atañe, le da la posibilidad de entender de otra manera a su propia hija, de entender aún más qué deja y a quién deja al cuidado del mundo. Desde una exquisita elección de las fotografías, el proyecto hace patente la dignidad de lo real, la posibilidad de no avergonzarnos de lo que sucede, de tratarlo y proceder a su transformación.

El arte como reordenación. El arte como alquimia. Como reconstructor de lo real.

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REFERENCIAS:

Página web oficial de Briony Campbell (donde se puede ver su edición de las fotografías del proyecto y una pequeña edición en vídeo), aquí
Edición del mismo proyecto a cargo de los fotógrafos de Ruido Photo, aquí
Entrevista a Felipe Almendros, aquí
Página web oficial de Felipe Almendros, aquí
 
 

Lo que no está es la sombra que persigue al sujeto y lo impulsa a continuar buscando. Lo ausente como proyecto de vida ineludible. Lo presente como una manera de aguantar, de soportar con ambas manos los hilos que mantienen la estructura erguida. Como la araña que corre cuando alguna de las partes de su red se ha roto.

Y dónde encontrar lo que mirabas si cuando mirabas estaba allí. Conjugas ahora los verbos porque aquel momento es pretérito. A veces importa, la mayoría de ellas.

La vida como sucesión de procesos de duelo.

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La necesidad de imponer ese lugar para que otros lo vean, en un intento de justicia, en el trabajo de Isabel González y Eugeni Gay. Los que quedan, lo que se quedó ahí, detenido, el lugar físico donde mora el agujero-pivote que ejerce de enganche con lo perceptivo. El tríptico como envase del triángulo con los vectores de la presencia, la ausencia y el híbrido que mantiene vivo el margen.

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La fascinación, en este caso, sin dolor, en el trabajo de Irina Werning. No hay miembros apuntados, no hay modificaciones flagrantes del espacio o del tiempo. Hay ausencia de la ausencia, son patrones de modificación. Es la transformación, sin más. No es un concepto moral, es un alarde del proceso de lo vivo que provoca una identificación y proyección confortable, casi deliciosamente envidiosa.

Dos maneras puntuales de entender la forma y las implicaciones de lo ausente.

REFERENCIAS:

YAK-42, de Isabel González y Eugeni Gay.

BACK TO THE FUTURE, de Irina Werning.