METAcontextos (V): Black, Red and Black de Mark Rothko (1968)

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El ciborg se vertebra sobre una ley, mitad y mitad, inmisericorde porque se aloja en el engranaje rectilíneo y par de los bordes del abismo, en la militancia entre planos, beligerante guerrero metagénero. Cuando un humano gime, el interior arde, exponiéndose a la luz como manojo de hematíes, es el ciborg, que aúlla encontrándose desterrado.

A pasos de gigante, los sujetos y sus máscaras avanzan y desandan los caminos, el horror se abre camino en calles que también adolecen de lo orgánico y su objeto ininteligible, del negro profundo de sus miserias, cuando la indiferencia estorba y es desalojada a golpes, apenas una vía del rastro seguro de sí mismo, el ciborg es humano y cae.

Ruedan sus ojos y dejan el rastro de un céntimo de alma.

Al albedo del monstruo, a través de la advertencia, el trazo que todo lo cierra, todo lo abre. El comienzo de la luz que se niega a no regurgitar un símbolo, una seguridad roja y enorme, que deviene terreno pantanoso donde los rebeldes quedan atrapados en una trampa de dedos china para cuellos de serpiente. El ciborg saborea el último golpe y sonríe: la energía inunda una parte obscena de sí, de sus circuitos.

Y lo siguiente será, como un rayo en el espectro certero, una entrada que se cierra para nombrar el interior del vacío, una obturación sagrada del sufriente en la ambivalencia de los silencios contenidos. Una explosión de rabia como nunca han visto los catadióptricos de la humanidad, dualidad mediante: construcción sobre la ruina. La rebelión.

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