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1. Aceldama: el discurso del cemento.

Aceldama es la nueva novela pergeñada por el destructor constructivo Francisco Jota-Pérez, una suerte de muestrario de la ciudad atravesada por aquello que la forma: lo natural urbano; esto es, terrorífico vacío, la compresión yoica a través del trabajo y la ablución vectorial por el amor.

¿Qué ocurre en Aceldama? Un sucederá bastante verosímil. Imaginemos una ciudad -Barcelona, por ejemplo-. Escuchemos de otra manera lo que nos dicen sus barrios, sus casas, los entramados de la urbe que se ve y los fantasmas de la ciudad que permanecen en una dimensión donde el tiempo es la calidad que los contiene, no la que los atraviesa. Todos recibimos el influjo de la ciudad y la influimos en su devenir, pero no solemos tener claro cuánto de lo que sucede en cada instante puede estar provocado por y sobre nosotros. Aquí, en Aceldama, los personajes pueblan y sufren, se encuentran en infusión continua, vadeando entre el sistema, la carne y la máquina. Boqueando frente a la producción mientras buscan un lugar en el discurso y ansían algo que no conocen. Es decir, nos suena familiar. Ya nos está sucediendo. Lo vivimos en nuestras carnes en eterno retorno y aún no nos hemos enterado.

Quizá lo que sucede en Aceldama es que ahora la polaridad de la ciudad presente y la ciudad oculta es aún mayor, que el futuro nos trae un endurecimiento de la brecha en la que hay que posicionarse, a no ser que se encuentre uno cómodo en el precipicio (que, como veremos en la novela, también sucede en algunos personajes). Pero, como todo hachazo en el continuo de los pareceres, se permite -se obliga- el movimiento en uno u otro sentido: el suelo que se quiebra a los pies y desaparece es puro acero coercitivo que fuerza a elegir cuál es la posición de cada uno.

Y como resultado a tanta presión en medio de tanto flujo, en Aceldama hay magia, porque hay un estremecimiento de lo oculto cuando es visitado y el oculto siempre devuelve un poder, un +10 de posibilidades en el acto de su interacción. Por tanto, hay una propuesta de intervención para el lector, una sugerencia -relativamente- sangrienta hacia el conocimiento de nuestro inmediato y la apuesta por una trascender que más allá del gadget, más allá de la música vacía del karaoke. Dicho de otra manera, el órdago pasa por incorporar activamente una intencionalidad en la acción y en el discurso, un armamento ficcional que termine modificando las conexiones cerebrales y perceptivas. Un hacerse cargo del fantasma de la máquina cuando el fantasma somos, por fin, nosotros, nosotras, nuestros cuerpos fuera del paradigma.

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2. Alambres: la espina en la caja sagrada de la garganta.

Alambres es un nuevo y fabuloso poemario de Lola Nieto, un cajón de hueso con acabados en acero, herrumbre y, sobre todo, una pátina de familiaridad que podría emanar del lugar común -pero inédito- de esa membrana fina de carne que es el recuerdo.

En “Alambres” se apaga la luz y usted se ve en la obligación de introducir la mano a ciegas en una caja que contiene pequeños trozos de vida pasada, retazos de un intestino vital que, por supuesto, en su calidad metálica, son susceptibles de producir, sugerir y señalar agujeros en la epidermis del poema, que es la piel, que es el tacto. Hay, por tanto, una apertura a esa puerta del sótano, de la buhardilla, el ojo de la cerradura. El acto de compulsión hacia el recuerdo y la reconstructiva suerte de la pronunciación a través de la palabra. Un desfiladero.

De manera que pincha, agrede y reconforta. Nos encontramos pues frente a retazos de una introspección que nos ayuda a situarnos en la consciencia de la autora que se ha convertido en personaje, acompañados de unas palabras que, a mayor cercanía, tanto más nos extrañan. El uso de los diminutivos pasa por ser una invitación de Perséfone a morar en lo desconocido/conocido inevitable a la persona lectora: hombres que se pueden ver traspasados por la inmediatez del cuerpo en cada palabra y mujeres que se pueden sentir rozadas sutilmente en la apreciación del cuerpo como una voz.

“Alambres” es un mordisco breve e intenso del tiempo.

 

3. Lo interior, lo exterior y el deseo.

Al fin y al cabo, los cuerpos, como las ciudades, no son sino formaciones presentes en carne y hueso con un viento de fantasmas que circulan entre sus oquedades. Corredores fantasmas no gregarios como los de Aceldama, agujeros que obturan el vacío como los que procura Alambres.

Más información de Aceldama en la página web de la Editorial Origami y la página de su autor, Francisco Jota-Pérez

Más información de Alambres en la página web de Ediciones Kriller71

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1. Lo que sucede cuando la realidad se suspende es materia de deseo.

2. El deseo mismo, por tanto, habita en la piel de la suspensión de la incredulidad, lo forma, lo atraviesa. Lo imprime de movimiento. Hacer de la realidad algo incrédulo es la intención no siempre manifiesta del espectáculo, ya que si la presencia del objetivo fuese evidente, eclipsaría eso que llamamos magia, la sangre del artefacto. El efecto de entrever el funcionamiento del deseo resulta cemento en campo de algas.

3. Stone Junction (o en su edición anterior en castellano “Introitus Lapidus”) es la instrucción, el manuscrito, de un viaje acompañado que se actualiza en la presencia del lector, cobra vida y serpentea. La presencia de Dodge se hace manifiesta (lo que suele ser un error de escritor omnipresente, en este caso es un alivio) porque en todo momento quien lee posee la certeza incómoda de que le está siendo mostrado algún tipo de secreto, un mensaje entre líneas que acampa de alguna manera sutil y deliciosa.

4. En Stone Junction hablamos de confianza. Hablamos de la posibilidad de que la realidad siempre sea algo distinto a lo que ocurre, no por inconformismo o inmadurez, sino por la propia base ontológica del ser, del cuerpo. No queremos que los Reyes Magos vuelvan, queremos volver a poseer el deseo de crearlos. Nombrar la cara oculta de la luna no cuestiona su presencia real, sólo la acepta y la utiliza en el beneficio del denominador. Eso es Stone Juction. Para eso, usa el Disfraz.

5. El Disfraz, en Holy Motors, es el poema. El poema se alimenta del deseo, el esqueleto es tan volátil que gime incomprensible en la mayoría de las ocasiones, se tambalea borracho por los recovecos de la catedral llena de columnas, pero reconocerás que en el encuentro surgen chispas que no son comprensibles de necesidad.

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6. Holy Motors (la película) trata sobre el esfuerzo del espectador para aceptar la renuncia a la incredulidad. Holy Motors (el concepto) trata sobre el esfuerzo del ser humano de aceptar la renuncia a la ilusión estática de la presencia corporal. Y sobre todo, de cómo se revuelve para intentar superar algo que a sí mismo le supera, preocupado por bailar con sus máscaras mientras fabrica, produce, hace y deshace sin apenas descanso. Trata, pues, sobre el deseo. Y qué mejor metáfora que el mismo cine, acciones de deseo llevadas a cabo por personajes que se mueven para deleite del espectador. Apoteosis vicaria. Como siempre, sólo que ahora, lo sabemos con más minuciosidad en el detalle.

7. Debe haber un puente, una coma, un fotograma que se encuentra oculto en una cueva, dentro del estómago de un león, que está en el estómago de una ballena, que está en el estómago de una tortuga gigante que yace dormida a su pesar. Debe cruzarse ese puente con el acto mismo de la escritura, recuperar el pulso ancestral de todos esos animales a través del gesto de la creación. Parece estúpido. Pero es materia perceptiva. Magos y forajidos. La linterna mágica. La evidencia de la certeza de que, desde el otro lado, debe suceder todo aquello que a este lado no es percibido. Sólo (¿sólo?) es necesario el esfuerzo de construir la posibilidad, el espacio de sucesión de lo narrado. De la tierra a la luna en unos minutos, pasando por la renuncia a una madurez mal asumida, sin callo, sin templanza. Holy-Motors-Motion-Capture

8. El camino del escapista, del alquimista, del tahúr, es el del que se ha comprometido con el arte de la sombra, el jardinero de lo que no sucede a la vista. Stone Junction es un manual de aforismos expandido, con la dulzura de un pastel infantil y la sabiduría de la boca de un viejo, que se olvida, que se elude, pero que aparece como el final de un camino que siempre está en construcción. Además, en su Disfraz es una novela divertida, conmovedora. Dan ganas de hablar con los demás, con los humanos, conociéndonos múltiples, eludiendo ser el centro de nada, cuando la nada es lo único gratuito a lo que no queremos acceder. Una novela que invita a la comunicación universal.

9. Holy Motors es un paseo sobre el espectáculo, lo orgánico y los restos que dejamos sobre lo que vamos construyendo. Un lamento replicante, ante la nueva venida de su versión parricida. Todos replicantes, todos embebidos en el Disfraz. Por eso incomoda en ocasiones, porque la poesía está Disfrazada y eso, en ocasiones, molesta. Vivimos en la certeza científica, ¿no es eso? Igual la única certeza es la del Disfraz.

10. Dos propuestas, por tanto, que hablan de lo bello y lo siniestro. De los dos lados de lo transitable. Ese cuento de hadas en que había dos caminos, uno fácil y otro difícil. Uno oscuro, farragoso y otro diáfano, luminoso. ¿Cuál escogías? ¿Te surge la duda? Esa es la razón del deseo: la razón reconocible de toda duda que anida en el poema.

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Stone Junction en su edición española, aquí

Holy Motors, ficha de IMDB, aquí

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1. Aquel instante en que Ricardo Zacarías (en adelante RZ) se convierte en su propia fuente, derramándose sobre la dimensión de un plano más cercano, es el opuesto intercambiable del bucle radial que hace que los protagonistas de Alps orbiten alrededor de pivotes de carne y hueso, como moscas, como bebés hambrientos.

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2. En La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías (en adelante 9RZ) se relata el camino de una hormiga en  una espiral de puro Blake, un espasmo sobre azúcar refinado manchado de sangre, en la oscuridad de las notas de una Barcelona que abre su útero a la luminiscencia de la Nueva York sangrante, otro intercambio, otro paralelo, con un RZ transitando entre ambas, con un juego de notas, hermoso, descorazonador por múltiple, engreído y sutil. Un susurro en la oreja en el punto álgido de tu concentración, oh lector, que te empeñas en dibujar un círculo de sal frente a tanta posibilidad inmisericorde.

3. Una esperanza está enmarcada en el trazado móvil de una existencia, sea cuál sea su piel, el color o las marcas de los labios. En Alps encontraremos que llaman a la puerta, donde una mano desconocida acaricia al ese ser humano, padre, madre, amigo, que se duele del mármol de la pérdida. Al que no quiere esperar la claudicación del tiempo. Una propuesta indecente que acumula riesgos: el fantasma es incompatible con la vida. Una existencia tangencial no puede acabar en sombra completa, sino en punto que se marcha, evidenciando el rastro. Aunque a otros les consuela, el protofantasma necesita más: jerarquía, identidad, decisión o cuidado.

4. RZ intenta consolar una rama de sí, como un perro que se mordiera un ramo de múltiples colas. Es imposible, por la veladura misma de la existencia. Sin embargo, tal como lo muestra el múltiple autor, genera chispazos de encuentros, material que se escapa de las costuras del engendro infernal que es la existencia, en boca del panóptico.

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5. La existencia, la necesidad del establecimiento de la base. Caídos los puntos fijos, los sólidos que tranquilizan las acometidas de lo insoportablemente real de lo cotidiano, no queda más que probar otra alternativa. Sin embargo, no cerrar las puertas hace que, en el invierno de la ciudad bajo la piel, entre el frío más absoluto. Las cadenas de montañas pueden ser sustituidas por otras, pero como palabra, nunca como tránsito. Los Alpes no pueden ser sustituidos por sí mismos.

6. Intenta encontrar un sólo instante de paz. Cuanto más sabes, menos se soporta. Cuanto menos se soporta, más clara es la dependencia acerca de ese más allá que genera el rumor. La humanidad no contestada, sometida así misma en una nota al pie recursiva, como reservorio de humanidad es, a todas luces, insoportable. La mejor manera es escapar hacia dentro. Implosionar. La mejor manera es ser espectador, jugar a construir el autómata desde bien lejos.

7. Alps: Déjame entrar. Puedo ser alguien. Soy lo que tú mandes.

Canino: No quiero salir. No sé que soy. Soy un perro. Soy lo que tú mandes.

8. Estás enamorado de lo que perdiste, Ricardo. De ti mismo, en cada viaje. En cada encuentro, aún más dilatado el borde. La arruga infinita. El abismo. El infierno. Ojalá. En realidad, es el purgatorio, tal y como te advirtió el otro Zacarías, el primero.

 9. El olvido es el infierno. Enfermera. No puedes cuidar de ti. Estás en el grupo, los Alpes menores, pero eso tampoco es la solución.

10. FINAL:

Sobre La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías: excelente edición de Aristas Martínez ilustrada por Javier Jubera. Puede olerse y tocarse. Puede jugarse. Es un constructo, reconstructor. Acepten el reto. Se adquiere aquí

Sobre Alps: la neutralidad del fantasma en el color y la forma. En los planos, sujetos por los silencios y la incomunicación. Soportar el ridículo del ser humano es una marca de género de Yorgos Lanthimos. Imprescindible.

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Mucho se ha escrito de Noguera desde que se empezó a poner de moda, pero eso no le quita mérito. Porque ser o no tendencia es una cuestión que a veces no depende de lo que uno hace (de su arte de facto) sino de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado o, simplemente, de que te coloquen en él a partir de cierta relación pública más o menos acertada.

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El caso es que, se diga lo que se diga, Noguera es un auténtico CONTRABANDISTA METAREAL. Y ese es el éxito de su humor, para quien lo soporte, claro, que el viaje no es fácil. No todo el mundo es capaz de probar las hormigas culonas. Y una vez probadas, a no todo el mundo le gusta el sabor.

Bailando por el borde, Noguera puede traer y devolver al mundo ideas tan ultra-reales que asombran, asustan y asquean por lo que tienen de posible-imposible. No es el chiste de patada en la gónada, no es el chiste costumbrista. Es pasarle al patriarcado del positivismo un pañuelo lleno de mocos por la cara y encontrar una razón lógica para hacerlo y que, a su vez, este gesto parezca natural, necesario e irreverente. Que parezca dentro de un orden. Que parezca que ridiculizar el estatus de la normalidad sea lo que la normalidad siempre pide a gritos. En definitiva, lo que consigue Noguera es que lo anormal devenga una consecuencia natural de lo esperado.

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Algo similar sucede con la integración de los personajes en el universo de Li Wei. Hay algo de tocar el borde hacia la construcción de un irreal que acaba siendo familiar y necesario. Nos dejamos llevar de la mano, esperamos el regalo de volver a pensar que la planicie estéril en que se ha convertido todo esto que vemos en esta plaga de imágenes aún tiene mutaciones.

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Una carcajada cruza el estómago de nuestra infancia adulta ultrapostmoderna porque encuentra que hay alguien que sigue -por suerte- empeñado en estraperlar con lo único que nos queda para resistir el erial-karaoke en el que nos hemos metido: el humor.

El humor como soma entre planos de realidad.

El humor como cóctel molotov en la guerra de los planos.

El humor como calostro contra la estupidez. Miguel Noguera y Li Wei. Absolutamente imprescindibles.

LINKS:

Blog de Miguel Noguera

Ultrashow de Noguera en Vimeo

Web de Blackie Books

Web de Li Wei