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¿Qué es el Arteterapia? Algunos puntos para la reflexión (2ª parte)

Como el Arteterapia es algo más que un cuaderno para colorear, continuamos en esta segunda parte con pequeñas reflexiones en torno a conceptos que creo interesantes en relación a la disciplina. Para ver la primera parte de este artículo, pincha aquí

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11. SOBRE LA TRANSFORMACIÓN.
En ocasiones se habla de la transformación como una de las bases de definición del Arteterapia actual. Atrás quedaron (¿atrás quedaron, seguro?) los días de la laborterapia, en la que la premisa era la mera construcción robótica, el empleo del tiempo en un estar haciendo. Ahora, una nueva Arteterapia lucha por definirse a partir de conceptos como evolución, cambio, metamorfosis o transformación.

Significantes muy amplios y, en ocasiones, tristemente asociados a una cierta idea de bondad que no siempre es en beneficio de la persona. Así que hablamos de transformación, pero ¿la transformación de qué y hacia dónde? Pues, como siempre, habrá diferentes puntos de vista dependiendo de cada profesional (ya ni siquiera hablamos de corrientes teóricas). Podríamos hablar de la búsqueda de un punctum que indique que algo ha sucedido en una serie de repeticiones en la plástica de una producción, por ejemplo. O podríamos hablar de la transformación del ritual de llegada de la persona que acude al espacio arteterapéutico. O de la transformación de la dirección de la mirada durante el acompañamiento (otra manera de llamar al manejo de la contratransferencia, eso que se despierta en la dirección artistante*-profesional). Podriamos hablar de la evolución de las formas, de los materiales o de la elecciones. De la posición en el espacio de la persona mientras crea o del tiempo que emplea en hacer una producción. De las conversaciones. De los temas que remite desde la palabra o desde lo figurativo. Miles de pequeñas transformaciones o ninguna, que también puede pasar.

En definitiva, la transformación es una de las bases de nuestra disciplina como profesionales del Arteterapia, pero como siempre habrá que cuidar de no perseguirla. Como la felicididad, como la relajación, como la sorpresa… como tantas otras cosas. Cuando hablo de “perseguir la transformación” me refiero a, literalmente, forzar la persecución sin respetar el tiempo, la repetición o al propio malestar. Una transformación forzada, además de ser una acción dudosamente ética, será una acción perfectamente elástica, donde la forma volverá a su posición inicial pasado un tiempo. Estaremos de nuevo, en el punto de partida.

12. SOBRE EL MATERIAL.
Ni que decir tiene que el material es el soporte del que están hechos los sucesos ficcionales de lo sucede a nivel simbólico. Esto significa una proyección constante a todos los niveles, forma, densidad, color, textura, calidad… La consideración del material con el que se trabaja viene acompañada de la formulación de una de las cuestiones más características del Arteterapia (una de esas posibilidades durante el acompañamiento que le dan función de diferenciación al Arteterapia con respecto a otras variantes terapéuticas); esto es, la doble función de análisis del material como objeto y como significante, como parte y como todo, como cosa vista y cosa que mira así como los múltiples significados (abiertos) que puede tener en la persona que realiza el proceso.

De esta manera, primará la calidad en aquellos materiales que usemos, quizá es interesante valorarlo como una categoría paralela a la calidad de aquello que ofrecemos como profesionales. Pero también habrá que estar atentos a las posibilidades que otorgan todos los materiales posibles, desde los adquiridos en cualquier sitio (como en un bazar) a los que no son propiamente artísticos (como podrían ser el uso de especias culinarias o cortezas de un árbol). Todo cuenta, porque la vida está hecha de cosas así, materiales que son transformados. Unos más previsibles, otros menos.

Y, por supuesto, cuenta y mucho cómo la persona se acerca a ese otro-objeto que se interpone o media en el espacio de transición de la creación. ¿Cómo es transformado el material? ¿Con cariño, con rabia, con miedo? El material, su disposición, uso y manufactura es una cuestión fundamental en Arteterapia.

13. SOBRE LA MIRADA.nedrum
La mirada como acto físico, inmediato. La mirada como componente de la interpretación necesaria al acompañamiento (no aquella que presupone significados, sino aquella que da un sentido a la marcha).

La mirada profesional en Arteterapia es crucial, ya que su dirección implica la impronta de una devolución, deseada o no, una huella que a su vez repercute en lo que la persona produce (por supuesto, esto no siempre sucede, en ocasiones, por suerte, la persona produce a pesar de nosotros). A diferencia de la terapia por la palabra, en Arteterapia lo puesto en juego es visible, tiene presencia física. Digamos que la dimensión de lo visible teje una sutil telaraña en el espacio arteterapeútico. Es fácil sujetarse, guiarse, pero también el tropiezo, el enredo.

De esta manera, la mirada inaugura una suerte de acto en el que se toca la producción. Es en ese acto performativo de la mirada donde, desde la suya, la persona encuentra la concreción de un contenido psíquico en virtud de los materiales utilizados y es donde, la y el arteterapeuta disponen sus bases para continuar acompañando.

14. SOBRE LA PROPUESTA.
Las propuestas son indicaciones. No podemos obviar el poder coercitivo de cualquier propuesta que salga de nuestra parte como profesionales. Es decir, por mucho que nos empeñemos en no dirigir la sesión, en no obligar a la persona a que haga algo de una manera determinada, tenemos que recordar que -en última instancia- la persona ha venido buscando ayuda o acompañamiento. Así que las propuestas siempre estarán del lado del difícil equilibrio entre el mandato, la sugerencia, el obsequio y la co-creación.

En este sentido, la propuesta puede ser un bombardeo insoportable, por muy aparentemente neutra que sea. A veces proponer demasiado es tan bloqueante como una página en blanco. Ese horror vacui delante del bloqueo, esa ansiedad del precipicio, tiene una dimensión especialmente considerable en Arteterapia y hay que andar con cuidado para no generar una obligación extraordinaria. Frente a la duda, la premisa siempre es la misma: quien manda en su proceso creativo es -exclusivamente- la persona; y eso, en ocasiones, puede incluir no querer hacer nada. Como quien calla. Como quien enmudece. El espacio arteterapéutico es, también, para callar, para no hacer.

La propuesta más valiosa es aquella que surge del acompañamiento durante el movimiento del propio proceso y que, inevitablemente, siempre es a medias con la persona. De lo contrario, se convierte en una especie de guía u hoja de ruta que, en ocasiones, puede ser un acierto, pero en la mayoría lleva al mero cumplimiento de una supuesta obligación impuesta por la presencia de la o el arteterapeuta.

15. SOBRE LA PACIENCIA.
El Arteterapia es un proceso terapéutico fundamentado en la paciencia, esto es, el saber o el poder soportar el paso del tiempo en medio del malestar, en medio del esfuerzo y esquivando el regusto ácido de la imposibilidad del resultado inmediato. El Arteterapia en su sentido más amplio pretende favorecer una reescritura simbólica, un glitch en la narración vital que genera malestar que acabase transformándola. Como una mutación. Con la imprevisibilidad por bandera, un proceso creativo necesita su tiempo, su dosis de deseo y su tránsito por el borde. Y antes de caer en el tópico del paciente como “la persona que acude para iniciar un proceso arteterapéutico que lo quiere todo ya”, planteémonos como profesionales cuánto de esa impaciencia no es sino nuestra cuando esperamos/buscamos/vendemos cambios o mejoras en el malestar de quien nos pide ayuda.

 


 

Nota al pie: *Artistante es una propuesta que encontré en Sara Paín (En sentido figurado, editorial Paidós), un concepto que me parece especialmente útil para designar aquella persona que se encuentra en medio de un proceso arteterapéutico, no es un paciente, no es un analizando, no es un artista, no es un usuario… artistante, podría ser una nueva designación de algo que queda más claro, alguien que está-en-medio-del-arte en el espacio arteterapéutico, un pasaje al acto que deviene al entrar en el dispositivo.

** Imagen: Metamorphosis, Eemyun Kang
*** Imagen: Autorretrato, Odd Nedrum.

¿Qué es el Arteterapia? Algunos puntos para la reflexión (1ª parte)

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A raíz de la polémica suscitada entre los círculos profesionales de Arteterapia después de que el diario El Periódico decidiese regalar un libro de “Arteterapia” creo interesante dar nuestro punto de vista como profesionales acerca de lo que es y no es Arteterapia. Ni que decir tiene que desde ya podemos afirmar de manera tajante, como la mayoría de colegas de profesión han manifestado, que este libro no es, ni por asomo, Arteterapia. No es más que un libro para colorear. Igual que leer a Coelho no es una terapia psicológica. En ambos casos podrá ser una ayuda para alguien, nadie afirma lo contrario. Pero no será una terapia, ya que, tal y como la entendemos, la terapia, el Arteterapia, es una transacción contingente a cuatro: la persona, el/la arteterapeuta, el proceso creativo particular y el espacio arteterapéutico.

1. SOBRE LA RELAJACIÓN (O LA FELICIDAD).
El arteterapia es un espacio de trabajo en el que alguien busca ayuda y se dispone a realizar un proceso para encontrarla. Eso, muchas veces es lo más alejado de una sensación de bienestar o de relax que podamos encontrar. De hecho, es una de las principales causas de abandono de un proceso terapéutico: por ambas partes, ser capaces de sostener el malestar de lo que puede salir ahí no es tarea fácil. Si el Arteterapia es una terapia como las demás, ¿por qué ese empeño de algunos profesionales en buscar el divertimento, el relax o la desconexión en las personas que realizan un proceso creativo? ¿No sería más útil trabajar con lo que suceda, que tanto puede ser algo relajante como algo incómodo?

Por otro lado, otro de los mitos del Arteterapia es su relación con el bienestar o la felicidad. El arte (especialmente el que surge en un contexto terapéutico) no es per se una actividad placentera. Puede serlo. Pero no lo es, necesariamente. No se puede pretender la felicidad de quien viene a buscar ayuda contra su malestar. ¿Suena mal? ¿Acaso no buscamos eso quienes trabajamos en terapia, la felicidad de las personas? Pues digamos que no, o al menos, no a costa de la subjetividad de nadie. La felicidad muchas veces es una trampa en la que caemos como pacientes o como terapeutas, y su búsqueda, su metódica imposición, puede hacer que las cosas parezcan mejores o peores de lo que podrían ser. Quizá es más interesante encontrar la felicidad por el camino, no buscarla.

2. SOBRE LA INTERPRETACIÓN.
Toda producción en un contexto terapéutico tiene un significado personal y, por tanto, es intransferible. Será la búsqueda de sentido propio lo que se acompaña en Arteterapia, no la interposición de un significado por parte del terapeuta. Esto no es, ni más ni menos, que un acto de autonomía de la persona que acude a terapia. Lo contrario, es una apropiación indebida de los significados de la persona. Por supuesto, habrá corrientes arteterapéuticas que rebatan este punto. Desde mi punto de vista, por mucho que, por ejemplo, el sol pueda ser un símbolo universal de masculinidad, nunca podré conocer cómo se articula ese significado en la narración vital de la persona a la que atiendo. En todo caso, podré asistir a/en un proceso en el que la persona le adjudique un lugar. Son cosas muy diferentes.

3. SOBRE LA EXPOSICIÓN.
Las producciones dentro del espacio arteterapéutico no pueden ser expuestas así como así. Hay un empeño generalizado en hacer exposiciones de Arteterapia como medio de difusión de la disciplina porque, ¿vamos a negarlo? quedan muy bien, hablan de resultados, de superaciones y hay mucho color y mucha expresión y todo eso… Por supuesto, pero habrá que andar con mucho cuidado, y todo deberá ser pactado previamente con las personas que se convierten en dueñas de facto de aquello que producen. De lo contrario, bajo una supuesta actividad de difusión estaríamos reclamando una sucinta actividad de apropiación. Aunque los fines sean loables, no debemos olvidar la lealtad hacia el proceso creativo y, sobre todo, la persona que se convierte en creadora. ¿Alguien imagina una exposición con cartelería que recogiese con nombre y apellidos los comentarios privados de alguien en una terapia hablada? Difícil. ¿Dónde queda la intimidad, la confidencialidad, el cuidado? Entonces, ¿por qué hacerlo con lo construido en el espacio arteterapéutico? Aunque esté más velado -en ocasiones- que lo que se dice, ¿acaso no merece el mismo respeto?
De este modo, un Arteterapia respetuosa pactaría con la persona previamente el uso que se le va a dar a la producción. Esto inaugura dos líneas diferentes de producción, en la mayoría de los casos y, por tanto, la posibilidad de distintos resultados.

4. SOBRE LA DIRECCIÓN (Y EL OBJETIVO).
La persona dirige su proceso. Lo que puede (o debería) parecer una obviedad, no siempre es tan evidente. A veces, comentarios sobre la obra, sobre el proceso, sobre el significado o una insistencia peligrosa en “poner palabras” a lo que se hace, deriva en un -intencionado o no- proceso dirigido que, aunque pueda servir a la persona, no es lo que se persigue en Arteterapia. Aquí, la dirección es la dirección del deseo de la persona, y el Arteterapia, como mucho, puede aspirar a ser una superficie donde se inscribe ese deseo, conteniéndolo o visibilizándolo en alternativas simbólicas.

5. SOBRE LA CAPACIDAD.
El Arteterapia contempla un espacio de creación desde la capacidad de cada persona. No es ningún atrevimiento afirmar que todas las personas -sin excepción- tienen alguna capacidad útil para el concepto de arte que se maneja en Arteterapia. Esto también cuenta con respetar aquellas capacidades que, por la razón que sea, no se desean mostrar en algunos momentos. No siempre se está en la disposición adecuada para crear algo implicado en Arteterapia. En ocasiones habrá silencio o estereotipos creativos. También formarán parte del proceso. Son tan valiosos como la producción implicada e inédita misma.

6. SOBRE LA EDAD.
La edad no importa en Arteterapia. Y no es sólo una frase típica.

7. SOBRE EL RESPETO.
El respeto a la producción, a los materiales, a la persona, al espacio, al proceso, al acompañamiento, a la disciplina. Antes que hablar de otros términos más confusos, como el amor, la fascinación o la falsa idolatría, hablemos del puro, duro y difícil respeto. En Arteterapia, el respeto es la base de la intervención. Por eso, no se interpreta activamente desde la posición del terapeuta, por puro respeto al sujeto que tenemos delante. A su subjetividad. Y, por otro lado, se trabaja desde el respeto por las producciones que se generan y los materiales. El mayor homenaje a nuestra propia persona es el respeto por aquello que construimos con esfuerzo.

8. SOBRE EL PAGO.
Aunque a veces a las instituciones les cuesta entender esto, el Arteterapia es una disciplina tan respetable como cualquier otra. Con el mismo esfuerzo, dedicación y seriedad como para que sea gratificada dentro de una compensación lógica. A día de hoy sigue siendo complicado diferenciar lo artístico-social de lo altruista. Por otra parte, pagar es admitir un intercambio y otorgarle un valor. Porque el Arteterapia no es un libro de pinta y colorea, como decíamos al principio.

9. SOBRE EL TIEMPO.
El tiempo del proceso: un proceso creativo en Arteterapia lleva su tiempo. No es mucho, no es poco. Es su tiempo. Cada persona, cada relación terapéutica se establece de muchas maneras, y a cada una le corresponde un tiempo que se va construyendo durante el proceso.
El tiempo de la sesión: normalmente, una sesión se estipula entre una hora, hora y media o dos horas. Al menos, una vez por semana. Todos los tiempos son variables según la situación de cada persona, por supuesto, pero si hemos de marcar una media más o menos ideal, sería esa, ya que cuenta con una preparación, una inmersión y un cierre de lo que se ha desplegado.

¿Y cuando se acaba una terapia? Cuando merece la pena. Cuando la persona decide. Eso, se sabe.

10. SOBRE SER ARTISTA.
No es necesario ser artista. De hecho, no se pretende que la persona sea artista. Parece haber una gran confusión en la presencia de la palabra ARTE dentro de la definición de Arteterapia. Es como si en una terapia clásica hablada se persiguiera que la persona se convirtiese en oradora, politóloga o presentadora de televisión. Lo que se busca no es ser artista, sino desarrollar un proceso creativo mediante herramientas artísticas. Elegimos el arte como vehículo, no como objetivo final. No hay por qué “sacar al artista que se lleva dentro” como aseguran muchas publicidades de terapias artísticas, igual que no hay por qué sacar al “orador del senado romano” que se lleva dentro para hablar. Si luego la persona desarrolla una ocupación artística al margen del espacio arteterapéutico, siempre será un añadido que puede ser muy terapéutico, por supuesto, pero el objetivo no es crear art brut, ni novísimos artistas urbanos. Ni hacer del pequeño de la familia un artista por un rato para que luego, al volver del espacio terapéutico, se le deniegue esa posibilidad. Mejor llamarle a las cosas por su nombre. Así que nadie debería asustarse por pensar que en Arteterapia se tiene que ser artista, porque no se trata de eso ni mucho menos. Sólo se tiene que tener el deseo de iniciar un proceso con el que comprender el mundo para tener un lugar.


 

Puedes continuar con la segunda parte de este artículo, aquí

Nueva página web de SIMBÓLICA

Nuestro proyecto de Arteterapia y Mediación Artística, Simbólica, ya tiene nueva página web. En ella encontraréis nuestra línea de trabajo, objetivos, servicios y quiénes somos, así como la manera de contactar con nosotros y el blog, donde iremos actualizando con artículos y noticias que consideremos de interés. Espero que os guste, para nosotros ha sido un placer contar con la ayuda de Astrid Ortiz que ha creado toda la imagen de la Asociación y el diseño web.

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Arte y terapia: “Echolilia”, de Timothy y Elijah Archibald

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¿Qué es la terapia? ¿Qué es terapéutico?

Cuando los medios promocionan trabajos como Echolilia se tiende a enfatizar la parte “terapéutica”: el acercamiento, en este caso, de un padre (Timothy, fotógrafo) al autismo diagnosticado de su hijo Elijah (diagnóstico que el propio Archibald pone en duda, a menos en la rigurosidad de la nominación). Pero quizá es una forma de perderse en lo moral, en una especie de alivio porque alguien ha alcanzado algo que el resto no puede. El impacto emocional de las historias de superación, ese lugar común donde van a parar tantos y tantos proyectos que, en realidad, perseguían objetivos más profundos y personales que lo que el espectador recibe de ellos. Quizá, si nos dejamos llevar por el trazo emocional, nos estamos perdiendo un porcentaje fundamental del valor de autenticidad de este proyecto. De manera que la propuesta es entender la terapia (en concreto del “otro”, si hablamos de proyectos a los que asistimos como espectadores) como algo más que un resultado del que estar complacido por simpatía.

Así que, en ese sentido, digamos que todo esfuerzo por establecer comunicación con el otro se trata de arte y, de alguna manera, en relación a un malestar podría establecerse como terapia. Por tanto, sí, hablemos de terapia y arte, pero porque estamos ante un despliegue hermosísimo de un acompañamiento mutuo, de una verdadera pareja artística que utiliza las herramientas para comprender (¿acaso no comprender no es ya un malestar en muchas ocasiones?), regalando al ojeador el espectáculo de sus dinámicas fotográficas.

Comenta el propio Archibald que las imágenes del proyecto son una colaboración con su hijo y que, por tanto, se trata de un reportaje sobre una relación, su relación. Las decisiones se toman en conjunto, las elecciones, los resultados. La realidad se conforma en una nueva narrativa (no en vano, el lema del proyecto es “Sometimes I wonder”) que permite nuevas posiciones en relación al eco de algunas acciones cotidianas, apropiaciones de la identidad, de los objetos, una suerte de puntos de encuentro con aquello que, en ocasiones, es tangencial e incomprensible para ambas partes. Se juega, pues, detener el instante de la repetición para poder asimilarlo. En un mundo-arteria de movimiento incesante, la fotografía vuelve a demostrar su capacidad de reclamar el espacio y el tiempo.

Echolilia, por tanto, es un ejemplo de lo que podría ser un movimiento multiversal de pareceres, una ramificación tras otra de distintas entradas perceptuales: consideraciones sobre la misma vida que parten de diferente posición (¿acaso no siempre lo hacen?) y se encuentran a través del ojo túnel-espectador de la fotografía.

Video presentación de los autores, aquí

Página web oficial, aquí

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