Como el Arteterapia es algo más que un cuaderno para colorear, continuamos en esta segunda parte con pequeñas reflexiones en torno a conceptos que creo interesantes en relación a la disciplina. Para ver la primera parte de este artículo, pincha aquí

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11. SOBRE LA TRANSFORMACIÓN.
En ocasiones se habla de la transformación como una de las bases de definición del Arteterapia actual. Atrás quedaron (¿atrás quedaron, seguro?) los días de la laborterapia, en la que la premisa era la mera construcción robótica, el empleo del tiempo en un estar haciendo. Ahora, una nueva Arteterapia lucha por definirse a partir de conceptos como evolución, cambio, metamorfosis o transformación.

Significantes muy amplios y, en ocasiones, tristemente asociados a una cierta idea de bondad que no siempre es en beneficio de la persona. Así que hablamos de transformación, pero ¿la transformación de qué y hacia dónde? Pues, como siempre, habrá diferentes puntos de vista dependiendo de cada profesional (ya ni siquiera hablamos de corrientes teóricas). Podríamos hablar de la búsqueda de un punctum que indique que algo ha sucedido en una serie de repeticiones en la plástica de una producción, por ejemplo. O podríamos hablar de la transformación del ritual de llegada de la persona que acude al espacio arteterapéutico. O de la transformación de la dirección de la mirada durante el acompañamiento (otra manera de llamar al manejo de la contratransferencia, eso que se despierta en la dirección artistante*-profesional). Podriamos hablar de la evolución de las formas, de los materiales o de la elecciones. De la posición en el espacio de la persona mientras crea o del tiempo que emplea en hacer una producción. De las conversaciones. De los temas que remite desde la palabra o desde lo figurativo. Miles de pequeñas transformaciones o ninguna, que también puede pasar.

En definitiva, la transformación es una de las bases de nuestra disciplina como profesionales del Arteterapia, pero como siempre habrá que cuidar de no perseguirla. Como la felicididad, como la relajación, como la sorpresa… como tantas otras cosas. Cuando hablo de “perseguir la transformación” me refiero a, literalmente, forzar la persecución sin respetar el tiempo, la repetición o al propio malestar. Una transformación forzada, además de ser una acción dudosamente ética, será una acción perfectamente elástica, donde la forma volverá a su posición inicial pasado un tiempo. Estaremos de nuevo, en el punto de partida.

12. SOBRE EL MATERIAL.
Ni que decir tiene que el material es el soporte del que están hechos los sucesos ficcionales de lo sucede a nivel simbólico. Esto significa una proyección constante a todos los niveles, forma, densidad, color, textura, calidad… La consideración del material con el que se trabaja viene acompañada de la formulación de una de las cuestiones más características del Arteterapia (una de esas posibilidades durante el acompañamiento que le dan función de diferenciación al Arteterapia con respecto a otras variantes terapéuticas); esto es, la doble función de análisis del material como objeto y como significante, como parte y como todo, como cosa vista y cosa que mira así como los múltiples significados (abiertos) que puede tener en la persona que realiza el proceso.

De esta manera, primará la calidad en aquellos materiales que usemos, quizá es interesante valorarlo como una categoría paralela a la calidad de aquello que ofrecemos como profesionales. Pero también habrá que estar atentos a las posibilidades que otorgan todos los materiales posibles, desde los adquiridos en cualquier sitio (como en un bazar) a los que no son propiamente artísticos (como podrían ser el uso de especias culinarias o cortezas de un árbol). Todo cuenta, porque la vida está hecha de cosas así, materiales que son transformados. Unos más previsibles, otros menos.

Y, por supuesto, cuenta y mucho cómo la persona se acerca a ese otro-objeto que se interpone o media en el espacio de transición de la creación. ¿Cómo es transformado el material? ¿Con cariño, con rabia, con miedo? El material, su disposición, uso y manufactura es una cuestión fundamental en Arteterapia.

13. SOBRE LA MIRADA.nedrum
La mirada como acto físico, inmediato. La mirada como componente de la interpretación necesaria al acompañamiento (no aquella que presupone significados, sino aquella que da un sentido a la marcha).

La mirada profesional en Arteterapia es crucial, ya que su dirección implica la impronta de una devolución, deseada o no, una huella que a su vez repercute en lo que la persona produce (por supuesto, esto no siempre sucede, en ocasiones, por suerte, la persona produce a pesar de nosotros). A diferencia de la terapia por la palabra, en Arteterapia lo puesto en juego es visible, tiene presencia física. Digamos que la dimensión de lo visible teje una sutil telaraña en el espacio arteterapeútico. Es fácil sujetarse, guiarse, pero también el tropiezo, el enredo.

De esta manera, la mirada inaugura una suerte de acto en el que se toca la producción. Es en ese acto performativo de la mirada donde, desde la suya, la persona encuentra la concreción de un contenido psíquico en virtud de los materiales utilizados y es donde, la y el arteterapeuta disponen sus bases para continuar acompañando.

14. SOBRE LA PROPUESTA.
Las propuestas son indicaciones. No podemos obviar el poder coercitivo de cualquier propuesta que salga de nuestra parte como profesionales. Es decir, por mucho que nos empeñemos en no dirigir la sesión, en no obligar a la persona a que haga algo de una manera determinada, tenemos que recordar que -en última instancia- la persona ha venido buscando ayuda o acompañamiento. Así que las propuestas siempre estarán del lado del difícil equilibrio entre el mandato, la sugerencia, el obsequio y la co-creación.

En este sentido, la propuesta puede ser un bombardeo insoportable, por muy aparentemente neutra que sea. A veces proponer demasiado es tan bloqueante como una página en blanco. Ese horror vacui delante del bloqueo, esa ansiedad del precipicio, tiene una dimensión especialmente considerable en Arteterapia y hay que andar con cuidado para no generar una obligación extraordinaria. Frente a la duda, la premisa siempre es la misma: quien manda en su proceso creativo es -exclusivamente- la persona; y eso, en ocasiones, puede incluir no querer hacer nada. Como quien calla. Como quien enmudece. El espacio arteterapéutico es, también, para callar, para no hacer.

La propuesta más valiosa es aquella que surge del acompañamiento durante el movimiento del propio proceso y que, inevitablemente, siempre es a medias con la persona. De lo contrario, se convierte en una especie de guía u hoja de ruta que, en ocasiones, puede ser un acierto, pero en la mayoría lleva al mero cumplimiento de una supuesta obligación impuesta por la presencia de la o el arteterapeuta.

15. SOBRE LA PACIENCIA.
El Arteterapia es un proceso terapéutico fundamentado en la paciencia, esto es, el saber o el poder soportar el paso del tiempo en medio del malestar, en medio del esfuerzo y esquivando el regusto ácido de la imposibilidad del resultado inmediato. El Arteterapia en su sentido más amplio pretende favorecer una reescritura simbólica, un glitch en la narración vital que genera malestar que acabase transformándola. Como una mutación. Con la imprevisibilidad por bandera, un proceso creativo necesita su tiempo, su dosis de deseo y su tránsito por el borde. Y antes de caer en el tópico del paciente como “la persona que acude para iniciar un proceso arteterapéutico que lo quiere todo ya”, planteémonos como profesionales cuánto de esa impaciencia no es sino nuestra cuando esperamos/buscamos/vendemos cambios o mejoras en el malestar de quien nos pide ayuda.

 


 

Nota al pie: *Artistante es una propuesta que encontré en Sara Paín (En sentido figurado, editorial Paidós), un concepto que me parece especialmente útil para designar aquella persona que se encuentra en medio de un proceso arteterapéutico, no es un paciente, no es un analizando, no es un artista, no es un usuario… artistante, podría ser una nueva designación de algo que queda más claro, alguien que está-en-medio-del-arte en el espacio arteterapéutico, un pasaje al acto que deviene al entrar en el dispositivo.

** Imagen: Metamorphosis, Eemyun Kang
*** Imagen: Autorretrato, Odd Nedrum.

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A raíz de la polémica suscitada entre los círculos profesionales de Arteterapia después de que el diario El Periódico decidiese regalar un libro de “Arteterapia” creo interesante dar nuestro punto de vista como profesionales acerca de lo que es y no es Arteterapia. Ni que decir tiene que desde ya podemos afirmar de manera tajante, como la mayoría de colegas de profesión han manifestado, que este libro no es, ni por asomo, Arteterapia. No es más que un libro para colorear. Igual que leer a Coelho no es una terapia psicológica. En ambos casos podrá ser una ayuda para alguien, nadie afirma lo contrario. Pero no será una terapia, ya que, tal y como la entendemos, la terapia, el Arteterapia, es una transacción contingente a cuatro: la persona, el/la arteterapeuta, el proceso creativo particular y el espacio arteterapéutico.

1. SOBRE LA RELAJACIÓN (O LA FELICIDAD).
El arteterapia es un espacio de trabajo en el que alguien busca ayuda y se dispone a realizar un proceso para encontrarla. Eso, muchas veces es lo más alejado de una sensación de bienestar o de relax que podamos encontrar. De hecho, es una de las principales causas de abandono de un proceso terapéutico: por ambas partes, ser capaces de sostener el malestar de lo que puede salir ahí no es tarea fácil. Si el Arteterapia es una terapia como las demás, ¿por qué ese empeño de algunos profesionales en buscar el divertimento, el relax o la desconexión en las personas que realizan un proceso creativo? ¿No sería más útil trabajar con lo que suceda, que tanto puede ser algo relajante como algo incómodo?

Por otro lado, otro de los mitos del Arteterapia es su relación con el bienestar o la felicidad. El arte (especialmente el que surge en un contexto terapéutico) no es per se una actividad placentera. Puede serlo. Pero no lo es, necesariamente. No se puede pretender la felicidad de quien viene a buscar ayuda contra su malestar. ¿Suena mal? ¿Acaso no buscamos eso quienes trabajamos en terapia, la felicidad de las personas? Pues digamos que no, o al menos, no a costa de la subjetividad de nadie. La felicidad muchas veces es una trampa en la que caemos como pacientes o como terapeutas, y su búsqueda, su metódica imposición, puede hacer que las cosas parezcan mejores o peores de lo que podrían ser. Quizá es más interesante encontrar la felicidad por el camino, no buscarla.

2. SOBRE LA INTERPRETACIÓN.
Toda producción en un contexto terapéutico tiene un significado personal y, por tanto, es intransferible. Será la búsqueda de sentido propio lo que se acompaña en Arteterapia, no la interposición de un significado por parte del terapeuta. Esto no es, ni más ni menos, que un acto de autonomía de la persona que acude a terapia. Lo contrario, es una apropiación indebida de los significados de la persona. Por supuesto, habrá corrientes arteterapéuticas que rebatan este punto. Desde mi punto de vista, por mucho que, por ejemplo, el sol pueda ser un símbolo universal de masculinidad, nunca podré conocer cómo se articula ese significado en la narración vital de la persona a la que atiendo. En todo caso, podré asistir a/en un proceso en el que la persona le adjudique un lugar. Son cosas muy diferentes.

3. SOBRE LA EXPOSICIÓN.
Las producciones dentro del espacio arteterapéutico no pueden ser expuestas así como así. Hay un empeño generalizado en hacer exposiciones de Arteterapia como medio de difusión de la disciplina porque, ¿vamos a negarlo? quedan muy bien, hablan de resultados, de superaciones y hay mucho color y mucha expresión y todo eso… Por supuesto, pero habrá que andar con mucho cuidado, y todo deberá ser pactado previamente con las personas que se convierten en dueñas de facto de aquello que producen. De lo contrario, bajo una supuesta actividad de difusión estaríamos reclamando una sucinta actividad de apropiación. Aunque los fines sean loables, no debemos olvidar la lealtad hacia el proceso creativo y, sobre todo, la persona que se convierte en creadora. ¿Alguien imagina una exposición con cartelería que recogiese con nombre y apellidos los comentarios privados de alguien en una terapia hablada? Difícil. ¿Dónde queda la intimidad, la confidencialidad, el cuidado? Entonces, ¿por qué hacerlo con lo construido en el espacio arteterapéutico? Aunque esté más velado -en ocasiones- que lo que se dice, ¿acaso no merece el mismo respeto?
De este modo, un Arteterapia respetuosa pactaría con la persona previamente el uso que se le va a dar a la producción. Esto inaugura dos líneas diferentes de producción, en la mayoría de los casos y, por tanto, la posibilidad de distintos resultados.

4. SOBRE LA DIRECCIÓN (Y EL OBJETIVO).
La persona dirige su proceso. Lo que puede (o debería) parecer una obviedad, no siempre es tan evidente. A veces, comentarios sobre la obra, sobre el proceso, sobre el significado o una insistencia peligrosa en “poner palabras” a lo que se hace, deriva en un -intencionado o no- proceso dirigido que, aunque pueda servir a la persona, no es lo que se persigue en Arteterapia. Aquí, la dirección es la dirección del deseo de la persona, y el Arteterapia, como mucho, puede aspirar a ser una superficie donde se inscribe ese deseo, conteniéndolo o visibilizándolo en alternativas simbólicas.

5. SOBRE LA CAPACIDAD.
El Arteterapia contempla un espacio de creación desde la capacidad de cada persona. No es ningún atrevimiento afirmar que todas las personas -sin excepción- tienen alguna capacidad útil para el concepto de arte que se maneja en Arteterapia. Esto también cuenta con respetar aquellas capacidades que, por la razón que sea, no se desean mostrar en algunos momentos. No siempre se está en la disposición adecuada para crear algo implicado en Arteterapia. En ocasiones habrá silencio o estereotipos creativos. También formarán parte del proceso. Son tan valiosos como la producción implicada e inédita misma.

6. SOBRE LA EDAD.
La edad no importa en Arteterapia. Y no es sólo una frase típica.

7. SOBRE EL RESPETO.
El respeto a la producción, a los materiales, a la persona, al espacio, al proceso, al acompañamiento, a la disciplina. Antes que hablar de otros términos más confusos, como el amor, la fascinación o la falsa idolatría, hablemos del puro, duro y difícil respeto. En Arteterapia, el respeto es la base de la intervención. Por eso, no se interpreta activamente desde la posición del terapeuta, por puro respeto al sujeto que tenemos delante. A su subjetividad. Y, por otro lado, se trabaja desde el respeto por las producciones que se generan y los materiales. El mayor homenaje a nuestra propia persona es el respeto por aquello que construimos con esfuerzo.

8. SOBRE EL PAGO.
Aunque a veces a las instituciones les cuesta entender esto, el Arteterapia es una disciplina tan respetable como cualquier otra. Con el mismo esfuerzo, dedicación y seriedad como para que sea gratificada dentro de una compensación lógica. A día de hoy sigue siendo complicado diferenciar lo artístico-social de lo altruista. Por otra parte, pagar es admitir un intercambio y otorgarle un valor. Porque el Arteterapia no es un libro de pinta y colorea, como decíamos al principio.

9. SOBRE EL TIEMPO.
El tiempo del proceso: un proceso creativo en Arteterapia lleva su tiempo. No es mucho, no es poco. Es su tiempo. Cada persona, cada relación terapéutica se establece de muchas maneras, y a cada una le corresponde un tiempo que se va construyendo durante el proceso.
El tiempo de la sesión: normalmente, una sesión se estipula entre una hora, hora y media o dos horas. Al menos, una vez por semana. Todos los tiempos son variables según la situación de cada persona, por supuesto, pero si hemos de marcar una media más o menos ideal, sería esa, ya que cuenta con una preparación, una inmersión y un cierre de lo que se ha desplegado.

¿Y cuando se acaba una terapia? Cuando merece la pena. Cuando la persona decide. Eso, se sabe.

10. SOBRE SER ARTISTA.
No es necesario ser artista. De hecho, no se pretende que la persona sea artista. Parece haber una gran confusión en la presencia de la palabra ARTE dentro de la definición de Arteterapia. Es como si en una terapia clásica hablada se persiguiera que la persona se convirtiese en oradora, politóloga o presentadora de televisión. Lo que se busca no es ser artista, sino desarrollar un proceso creativo mediante herramientas artísticas. Elegimos el arte como vehículo, no como objetivo final. No hay por qué “sacar al artista que se lleva dentro” como aseguran muchas publicidades de terapias artísticas, igual que no hay por qué sacar al “orador del senado romano” que se lleva dentro para hablar. Si luego la persona desarrolla una ocupación artística al margen del espacio arteterapéutico, siempre será un añadido que puede ser muy terapéutico, por supuesto, pero el objetivo no es crear art brut, ni novísimos artistas urbanos. Ni hacer del pequeño de la familia un artista por un rato para que luego, al volver del espacio terapéutico, se le deniegue esa posibilidad. Mejor llamarle a las cosas por su nombre. Así que nadie debería asustarse por pensar que en Arteterapia se tiene que ser artista, porque no se trata de eso ni mucho menos. Sólo se tiene que tener el deseo de iniciar un proceso con el que comprender el mundo para tener un lugar.


 

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¿Qué es la terapia? ¿Qué es terapéutico?

Cuando los medios promocionan trabajos como Echolilia se tiende a enfatizar la parte “terapéutica”: el acercamiento, en este caso, de un padre (Timothy, fotógrafo) al autismo diagnosticado de su hijo Elijah (diagnóstico que el propio Archibald pone en duda, a menos en la rigurosidad de la nominación). Pero quizá es una forma de perderse en lo moral, en una especie de alivio porque alguien ha alcanzado algo que el resto no puede. El impacto emocional de las historias de superación, ese lugar común donde van a parar tantos y tantos proyectos que, en realidad, perseguían objetivos más profundos y personales que lo que el espectador recibe de ellos. Quizá, si nos dejamos llevar por el trazo emocional, nos estamos perdiendo un porcentaje fundamental del valor de autenticidad de este proyecto. De manera que la propuesta es entender la terapia (en concreto del “otro”, si hablamos de proyectos a los que asistimos como espectadores) como algo más que un resultado del que estar complacido por simpatía.

Así que, en ese sentido, digamos que todo esfuerzo por establecer comunicación con el otro se trata de arte y, de alguna manera, en relación a un malestar podría establecerse como terapia. Por tanto, sí, hablemos de terapia y arte, pero porque estamos ante un despliegue hermosísimo de un acompañamiento mutuo, de una verdadera pareja artística que utiliza las herramientas para comprender (¿acaso no comprender no es ya un malestar en muchas ocasiones?), regalando al ojeador el espectáculo de sus dinámicas fotográficas.

Comenta el propio Archibald que las imágenes del proyecto son una colaboración con su hijo y que, por tanto, se trata de un reportaje sobre una relación, su relación. Las decisiones se toman en conjunto, las elecciones, los resultados. La realidad se conforma en una nueva narrativa (no en vano, el lema del proyecto es “Sometimes I wonder”) que permite nuevas posiciones en relación al eco de algunas acciones cotidianas, apropiaciones de la identidad, de los objetos, una suerte de puntos de encuentro con aquello que, en ocasiones, es tangencial e incomprensible para ambas partes. Se juega, pues, detener el instante de la repetición para poder asimilarlo. En un mundo-arteria de movimiento incesante, la fotografía vuelve a demostrar su capacidad de reclamar el espacio y el tiempo.

Echolilia, por tanto, es un ejemplo de lo que podría ser un movimiento multiversal de pareceres, una ramificación tras otra de distintas entradas perceptuales: consideraciones sobre la misma vida que parten de diferente posición (¿acaso no siempre lo hacen?) y se encuentran a través del ojo túnel-espectador de la fotografía.

Video presentación de los autores, aquí

Página web oficial, aquí

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Marina-Abramovic

1. De padres militares, héroes de la Yugoslavia de Tito. Frente a esa herencia del fetiche frente a la carne, Marina expone su mejor arma: su cuerpo. Elige la performance como disciplina principal.

2. Una retrospectiva sobre su obra debe ir más allá, ella quiere forzar la máquina. Demostrar que el tiempo del arte es irreal. Simbólico.

3. Aplica la marcialidad de su herencia en su desarrollo artístico. Se coloca en una prueba de resistencia física, donde el drenaje es emocional para el espectador. En realidad, en la performance real, siempre lo es.

4. ¿Es toda expresión arte? ¿Todo arte es expresivo? ¿Cuántas veces se escucha esa pregunta?

Es el último día, la situación es la siguiente: la artista se encuentra realizando la performance que da título al documental, una titánica empresa que consiste en sentarse durante toda la jornada en una silla con una mesa (aunque la mesa se retira en la última etapa de la exposición) sin ausentarse, dispuesta durante tres meses a mirar en silencio a toda persona que se siente frente a ella. El tiempo lo decide la propia persona, aunque con restricciones acerca de no tocar, no hacer movimientos extraños, etc. Por su parte, el compromiso de Marina consiste en no levantarse durante toda la jornada, sin comer, sin ir al servicio. Todos serán atendidos hasta el horario de cierre.

Las personas van pasando, como los días. La voz se corre, los que aún no sabían de la experiencia, van oyendo. Los que la han vivido, tan simple, tan emotiva y conmovedora, repiten o esparcen la palabra al resto de los visitantes. Así que, cuando quedan pocos días, las colas para poder asistir se endurecen. La seguridad ha de incrementarse.

Hay una chica, una performer, como ella se denomina. Comenta que, precisamente, esta exhibición es la que hizo que se interesara por esta disciplina artística y que, de alguna manera, estar haciendo cola y asistiendo ya es en sí una performance.

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Así que decide que, cuando le toque salir frente a Abramović, se desnudará. Decide hacer una performance dentro de la performance. Y ahí es donde se rompe el juego. No puede haber arte en su expresión, ya que sólo es una eyaculación de sentimientos sin una guía, sin un contrato con el espectador ni con su propio compromiso interior. Ha hecho esfuerzos, pero son en un plano tan realista (hacer cola, dedicar su tiempo), que no ha podido acceder a una creación verdadera, a algo verdaderamente real y simbólico. Es decir, no hay arte, porque no hay creación, sólo expresión.

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5. No toda expresión es Arte. Menos mal.

6. El arte, para que suceda, se despliega en torno a una serie de reglas, aunque sólo sea para romperlas, pero siempre está referido a ellas. Así, la principal regla de la performance es su compromiso con la realidad, su objetivo, explícito o implícito. Su aura poética como combinación de símbolos en complot, simpatía o aversión con el espectador. Es un arte del cuerpo hacia la modificación. La palabra es movimiento, pero el movimiento debe llevar ruptura con el simbólico del espectador.

7. El espectador no es artista por el mero hecho de interaccionar con la obra. De igual manera, cabría decir que cada vez somos menos espectadores, acercándonos más hacia la mera observación de la imagen. ¿Dónde nos lleva esa pereza?

8. ¿Hay arte en la performance de Marina Abramovic? No hay más que observar la rigurosidad de la ejecución, el efecto que produce. El universo que modifica. Las reglas en que se forma. Está en el sitio que proporciona la posiblidad para que lo sea, se desarrolla de la manera idónea.

9. ¿Es una diva? Sí. Desea ser observada. Pero es su elección. Lo ha estado eligiendo toda su vida. Podría haber sido militar, mujer de otro, cuerpo sometido. Decidió mostrarlo, regalarlo. Luchar por medio del arte, día a día. Sostenerse a través de él.

10. El silencio. El tiempo. El cuerpo. La obstinación. El esfuerzo. Todo es una cuestión de elecciones.

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Ficha del documental

Fragmento de la película con el último día de la perfomance

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12-29-2011 Following the hearse to Jen's burial

Alejarse de los tópicos sobre el Arte es entenderlo, con mayúsculas. Frente a la pregunta de qué es eso tan escurridizo del Arte, no hay más que remitirse a las pruebas: es aquello que el ser humano es capaz de hacer, que conmueve los cimientos de una concepción propia de la realidad, realizando la capacidad de albergar en su seno -en el interior de lo producido- lo oculto, lo oscuro, lo insostenible. Es la telaraña de Spiderman. Los tentáculos del Dr. Octopus. Las garras de Lobezno. El Arte es, sin duda, un arma personal y absolutamente transferible hacia un otro y el yo mismo que es nuestro propio Otro (ese del que se sabe, pero nada se sabe), esta es su razón de existir.

Así que, como comentaba, a las pruebas me remito. El proyecto que se presenta en esta entrada del blog no necesita de más palabras. La evidencia de las posibilidades del arte, en este caso, la fotografía, como herramienta de construcción y flujo capacitor de contingencia, como dotación de control de lo insostenible, es diáfana, luminosa. La producción conmueve por su sinceridad, por la luz de la constatación de un esfuerzo en contra de una corriente insoportable. Este resultado nos brinda algo que no todas las personas podrán decir de sus obras: una asunción narrativa, una deconstrucción de la adversidad que deviene en respeto, sea cual sea la matriz en la que la realidad continúa sucediendo.

Más allá de la moral, en brazos de la definición más hermosa de la ética que se pueda plantear, la de la responsabilidad, el magnífico trabajo personal y homenaje a otro ser humano, a una relación, a una concepción determinada del amor y el acompañamiento. El proyecto pre y postmortem del fotógrafo Angelo Merendino.

Una historia de Arte.

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Fuente oficial, página del proyecto, aquí. Facebook, aquí.

Visto aquí (gracias a Furiamag por el enlace)

1.Si dejaste de ver Arirang sin llegar hasta el final, no sigas leyendo. No hablaremos en el mismo código. No importa, él ya contaba con esto. A veces enfocar sobre uno mismo puede molestar a una parte de los que te miran. Eso ya se sabe cuando se hace algo como esta película.Captura de pantalla 2013-04-06 a las 19.08.05

2.Película, que no documental. Arirang es una creación particular, una narración inventada, situada por encima de los propios pasos de quien no puede vivir la vida de otra manera más que narrándola. De aquel que agarra a su personaje por el cuello y le cuestiona su propia sangre. Un parto de invenciones, una cabaña sagrada repleta de maneras de hacer café. Infusión. Perfusión. Ósmosis.

3. No necesitas saber la historia de la canción Arirang para entender qué significa ver a Kim Ki Duk llorándola. No necesitas saber quién muere en esta película, porque lo sabes de sobra. No necesitamos saber quién llama a la puerta, porque no podríamos nunca abrir. Nunca se puede. De hecho, la vida se basa en no poder acudir a esa llamada, bajo ningún pretexto. Sólo se puede pretender su eco y su repetición.

4. La cabaña está plagada de pequeñas invenciones que no son nada, sólo infusores de café. Sólo sitúan al personaje al borde de ese agujero negro que es el abismo líquido del cotidiano. Atrapado en la nieve, el dálmata del café que se derrama en tu estómago, nieve por dentro, nieve por fuera. ¿Qué pasa a través de tus poros, Kim Ki Duk? ¿Qué está atravesando este soliloquio, anidándonte en esta especie de limbo del artista? ¿A qué sabe?

5. La electricidad es omnipotente. Nuestro director sabe que no puede vivir sin ella. Es un hijo de la electricidad, como todos nosotros, como los que leéis estas líneas. Como los que aman el cine, los que fabrican a través de él, interpelando la retina con las imágenes que, obra y magia de la electricidad, impregnan lo real de escarceos amorosos con el multiverso de lo posible. Así que esa es tu trampa, KKD, tener una llave que abra la puerta por la que se puede escapar, un portal electrónico. La separación con el personaje es efectiva, gracias a la electricidad.

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6. El triple diálogo, en la dote del fuego, seudónimo eléctrico en este caso. Aportando un espejo, el personaje se desdobla, se triplica, se habita a partir del deseo de comprender y de la necesidad de la explosión controlada. Nuestro Hulk coreano nunca acaba de nacer, si así fuera, no necesitaría estar construyendo esta celda de cristal. Parece que, si estamos viendo la consecución fílmica, la pelea acaba bien. Aunque habrá muertos, serán de los malos. Lo terrible es otra cosa, no lo que se está mostrando.

7. Lo que se oculta es lo terrible. Está en cada silencio de esa habitación y no puede matarse, por eso no se muestra. Uno puede hacer el camino simbólico hacia donde se encuentra aquello que hay que eliminar, uno puede escapar con estallidos, pero en la cohabitación con el silencio está aquello terrible de veras. A golpes sobre la puerta, detrás de nosotros o en la oscuridad de esa carretera que puede oír a tu personaje gritando la canción de guerra en sordina, ahí se oculta. Fuera de las posibilidades artísticas, fuera del film, del guión. Fuera, siempre está tan fuera que está demasiado adentro. Valga la paradoja y el tópico, esta repetición siempre lleva un lastre de verdad.

8. Arirang es una película sobre la culpa y la necesidad de entender. La filmografia entera de Kim Ki Duk lo es. Esa piedra que algunas culturas prefieren cuestionar, entender, y otras, simplemente depositar sobre un otro. Esa piedra que se puede llevar, inevitable, que una vez respetada y expiada se puede cargar a los lomos de un personaje, cargar en una pistola artesanal. Disparar hacia el cristal de la noche.

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9. Para finalmente entender, ver lo que sucede cuando se observa al personaje que es uno mismo. En el llanto de Kim Ki Duk vemos la liberación por la simbolización que proporciona el arte. La experiencia de narrar, de metanarrar para coger desprevenido al propio rastro de lo desconocido incognoscible. Ese saber, dicen, que no se sabe. Pero se intuye bajo la piel del disfraz. Al menos, su peso y, por ende, su liberación.

10. Supongamos que Arirang es, como muchos dicen, un fraude. Una masturbación megalómana de su director. Supongamos que Kim Ki Duk no es ese hombre que parece no saber vivir fuera de la narrativa que crea y le devora, que ha de narrar sobre la propia narración, en un metaejercicio de capas que ejerce de separador simbólico en un aplastamiento de corazón a causa de la culpa. Lo dicho, seamos un minúsculo diablo criticón (que se siente permanentemente insultado por lo que no entiende) y privemos a esta película de su verdad oculta. Atrevámonos a dar la razón a los que la consideran una apabullante tomadura de pelo. Y aún haciéndolo, aún así, habría valido la pena. Porque la narración es esto, la acción de sembrar y lo que germina, una posibilidad que se multiplica en la mente del otro, sea la intención del autor que sea. Qué importa de dónde partió, si puede llegar a conmover nuestro propio lecho de lodo, aguas y barro. Qué importa si no fuese real, si fuese un fraude. Si su llanto no fuera cierto. Sinceramente, no nos importa. Porque quedó ahí.

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Y crece.

 

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Una generación de fantasmas se caracteriza por haber alcanzado la posibilidad de situarse entre varios planos, con una duda posicional que les concede irrelevancia. Si el cuerpo ya no ocupa más que un lugar virtual, no es intercambiable por rotundamente nada de la realidad física. De esta manera, la capacidad de movimiento se reduce a la de un corazón negro en una pequeña caja oculta bajo los cimientos de una ciudad sumergida: un estertor inaudible.

Sin embargo, el fantasma siempre puede encontrarse con su propio gesto. En una cámara de vacío. En una sábana caliente. En el suspiro de un suicida. Delante de la rabia, quizá.