Archivo de la categoría: Arte y terapia

¿Qué es el Arteterapia? Algunos puntos para la reflexión (3ª parte)

Continuamos con la tercera parte de estas pequeñas reflexiones personales en torno a la definición misma del constructo teórico-práctico al que hoy en día nos referimos como Arteterapia. Si has llegado aquí en primer lugar, recuerda que este es el tercero de otros dos posts relacionados. Los puedes leer aquí (la primera parte) y aquí (la segunda). Si ya los leíste, gracias por continuar. Espero que te hayan sido de alguna utilidad.

Eye of silence - Ernst

16. SOBRE LA RESPONSABILIDAD.
La responsabilidad profesional con respecto al espacio, el respeto por los límites del propio marco físico donde se lleva a cabo la representación, el acto del proceso creativo.

La responsabilidad sobre el material, la calidad, la cualidad y cómo se ofrece.

La responsabilidad por cómo se establece la dirección del proceso. Saber renunciar a llevar a nadie a ningún lado. No somos conductores.
Caminamos en paralelo a la persona, pero nos movemos a través del dibujo que traza su aire. No es sólo poesía. O sí, es poesía, porque es una posición ética frente a un otro con el que nos hemos comprometido.

La responsabilidad en saber sostener esa seducción mutua, casi sensual, que deriva de la emergencia de la creación artística.

La responsabilidad de la persona sobre aquello que produce: un “hacerse cargo como sujeto”.

La responsabilidad en la ausencia, la nuestra, la de la producción, la de la persona que no acude o aquella que no está. La responsabilidad de ser garantes de la calidad y cualidad del tiempo y el espacio que se emplea en el vínculo que se ha creado.

La responsabilidad en el cierre. Cuidar una semilla o un volcán.

17. SOBRE EL VOYEURISMO, LA DOMINACIÓN Y LOS JUICIOS DE VALOR.
Profesionales voyeur, dominantes y jueces. No gracias.

¿No conocéis alguno o alguna? ¿Nunca lo habéis sido? ¿En serio?

El problema no es haberlo sido alguna vez, el problema es no haberse dado cuenta de cuándo nos posicionamos en ese rol.

El tercer sector, el mundo asistencial, la psiquiatría, el constructo psi… es un campo fértil para los vicarios amantes de la tragedia humana, los salvadores del mundo y los policías del pensamiento (el uso del género masculino aquí es intencionado). Ya hay demasiados, ahorrémosles a nuestros clientes ese trago tan repetitivo, tan amargo. Tan egocéntrico. Si has venido aquí a mirar, a juzgar o a dar lecciones de hermano mayor, quizá el Arteterapia no es tu camino. O quizá es otra forma de entenderla. Si así es, defiéndela. Ya caerá por sí sola.

18. SOBRE LA PRESENCIA EN LAS INSTITUCIONES.
Conforme pasan los años voy entendiendo cómo el cambio de paradigma no es una chispa que corre a través de un cordel de algodón, sino una serie de cargas de profundidad apostadas en torno a un buque milenario. En ese sentido, nuestra responsabilidad en cuanto a la calidad de nuestro ejercicio individual como arteterapeutas, nuestra voluntad de acompañamiento, -no sólo a las personas que atendemos, sino también al propio transcurso del tiempo y lugar social-, tiene que ir acompañada de un trabajo contracorriente en el seno de aquellas instituciones donde se nos deja un mínimo espacio para desarrollarnos.

Es decir, es nuestro trabajo demostrar a la institución que somos una (relativamente) nueva intervención, que no somos una moda, que no somos meras vías de expresión, color y sonrisas, sino que tenemos un valor único, inédito e insustituible. Somos una herramienta y un medio valiosos porque colaboramos en la construcción de nuevas narrativas vitales para cada persona que comienza un proceso creativo. Aportamos una visión complementaria con el resto de figuras y roles presentes en las intervenciones y manejamos un plus de libertad y autogobierno a la persona atendida que no es fácil de conseguir desde otras disciplinas. Tenemos un valor por descubrir (¿acaso no lo será siempre? ¿No es ese “por descubrir” la base del Arteterapia?) que es perfectamente constatable.

Y no podemos esperar a que la institución venga a buscarnos, ya que aún no estamos dentro del paradigma de importancia social y, mucho menos, lo está nuestra sociedad próxima, la de nuestras comunidades, nuestros discursos cotidianos.

El futuro del Arteterapia se juega a grandes rasgos en lo que las instituciones entiendan que ofrecemos, no en lo que ellas deseen conseguir gracias a nuestra profesión.

19. SOBRE EL PAPEL SOCIAL DEL ARTETERAPIA.
Al hilo de lo comentado, desde mi punto de vista las y los arteterapeutas tenemos la responsabilidad social que hemos decidido adquirir en la elección del objeto y sujeto de nuestros trabajos, de nuestras intervenciones. Esa responsabilidad es, per se, ineludible, ya que concierne una interpretación particular a cada práctica sobre lo que es un ser humano que condicionará las futuras inscripciones de aquellas personas con las que hagamos intersección, estableciendo vínculos terapéuticos.

De esta manera, una, un arteterapeuta, es alguien que confía ciegamente en la capacidad de autoconstrucción de otro ser humano, parta de la situación que parta, tenga las capacidades que tenga. Pero insisto, esto no es simplemente un alegato humanista, es una consideración formal y ética acerca de cómo el arte, entendido desde esta nuestra arteterapia actual, es una prolongación correlativa al hecho de estar vivo aquí y ahora, con toda la contingencia de la persona que deviene objeto y sujeto de su propia creación.

20. SOBRE EL DISFRAZ Y LA PALABRA.
El Arteterapia, como toda terapia bien establecida, puede ayudar a una persona. De eso se trata, no en vano es una terapia. Quizá más adelante la conozcamos con otros nombres más adecuados, de hecho ya se hace. Quizá el corpus teórico vaya derivando a formas más concretas para la denominación del acompañamiento en el establecimiento de procesos terapéuticos bajo un marco referencial determinado. Por ahora digamos, aunque parezca una evidencia que es, potencialmente, una terapia.

Así que, como toda terapia y, en virtud de su propia significación para quien acude a ella, puede curar, puede no servir para nada y puede dañar. Y de hecho, este daño puede venir presentado en formas más sutiles que las terapias habladas. Pensemos que en lo hablado hay mucho de confrontación directa con las palabras (signifiquen lo que signifiquen, subjetivamente), de manera que hay una salida posible para la persona que puede representarse por un corte hablado. La palabra al rescate. La palabra como cobijo, estilete o salida de emergencia.

Pero en Arteterapia no sólo se pone en juego la palabra. De hecho, si hay proceso, nunca sólo la palabra. En paralelo, no como complemento, sino como fin mismo del dispositivo, surgirá una pléyade de representaciones formales plásticas, escritas, en acto performativo, en imagen fotografiada…

Estas representaciones formales que surgen, junto a la palabra, representaciones de un contenido inconsciente que deviene acto artístico en un marco terapéutico, sostienen simbólicamente a la persona. Son el resultado de una arqueología que alumbra un nacimiento. Y quizá sea el único sostén que tiene esa persona, su solidez, su relleno. Así, se puede afirmar que no estamos llamados a generar ninguna epifanía mediante ningún descubrimiento ni traducción de esas representaciones.

¿Qué sucedería si nos quitaran lo más valioso que tenemos? ¿Qué sucedería si, a partir de una mala praxis arteterapéutica, de una interpretación que toca hueso, nos despojaran de nuestra joya oculta? ¿Qué consecuencias tendría, en definitiva, que nos secuestraran nuestro disfraz? Las representaciones, las imágenes, las formas que nos representan en el acto creativo (esos actos atrevidos de sondeo y de arqueología del límite propios) son, simple y llanamente, sagradas. Hay que saber rodearlas, venerarlas, darles su lugar. Es tarea del Arteterapia la custodia del secreto. No se trata de destapar ningún monstruo frente a la luz, sino de ayudarle a cambiar de estancia. Desalojarlo, tal vez, de una habitación para poder vivir en ella o con él.

En todo caso, estamos llamados a ayudar al acto de evolución simbólica contenida de esas contingencias formales que emergen y dar el espacio a la persona que las hospeda para que las interprete, dándoles lugar.

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21. SOBRE EL SILENCIO.
Y en relación al disfraz, el silencio. Como arteterapeutas estamos (o deberíamos estar) en un compromiso táctico, ético y definitivo con el silencio hablado, escrito, performado, de aquellas personas que acuden a buscar nuestro apoyo. El silencio es el último recurso de nuestra resistencia frente a este tecno-capitalismo en el que todo parece tener que ser desvelado, especialmente lo que se sale del orden establecido, sea este el que sea, esté impuesto por quien esté impuesto.

Esperemos a ese Bartleby y su “preferiría no hacerlo”, porque estaremos frente a una declaración de intenciones lícita y orgullosa de estar viva. Acompañémosle y veamos si desea preferir y podemos servirle de alguna ayuda.


 

Imágenes: Eye of silence – Max Ernst, visto aquí ; Study for three heads – Francis Bacon, visto aquí;

¿Qué es el Arteterapia? Algunos puntos para la reflexión (2ª parte)

Como el Arteterapia es algo más que un cuaderno para colorear, continuamos en esta segunda parte con pequeñas reflexiones en torno a conceptos que creo interesantes en relación a la disciplina. Para ver la primera parte de este artículo, pincha aquí

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11. SOBRE LA TRANSFORMACIÓN.
En ocasiones se habla de la transformación como una de las bases de definición del Arteterapia actual. Atrás quedaron (¿atrás quedaron, seguro?) los días de la laborterapia, en la que la premisa era la mera construcción robótica, el empleo del tiempo en un estar haciendo. Ahora, una nueva Arteterapia lucha por definirse a partir de conceptos como evolución, cambio, metamorfosis o transformación.

Significantes muy amplios y, en ocasiones, tristemente asociados a una cierta idea de bondad que no siempre es en beneficio de la persona. Así que hablamos de transformación, pero ¿la transformación de qué y hacia dónde? Pues, como siempre, habrá diferentes puntos de vista dependiendo de cada profesional (ya ni siquiera hablamos de corrientes teóricas). Podríamos hablar de la búsqueda de un punctum que indique que algo ha sucedido en una serie de repeticiones en la plástica de una producción, por ejemplo. O podríamos hablar de la transformación del ritual de llegada de la persona que acude al espacio arteterapéutico. O de la transformación de la dirección de la mirada durante el acompañamiento (otra manera de llamar al manejo de la contratransferencia, eso que se despierta en la dirección artistante*-profesional). Podriamos hablar de la evolución de las formas, de los materiales o de la elecciones. De la posición en el espacio de la persona mientras crea o del tiempo que emplea en hacer una producción. De las conversaciones. De los temas que remite desde la palabra o desde lo figurativo. Miles de pequeñas transformaciones o ninguna, que también puede pasar.

En definitiva, la transformación es una de las bases de nuestra disciplina como profesionales del Arteterapia, pero como siempre habrá que cuidar de no perseguirla. Como la felicididad, como la relajación, como la sorpresa… como tantas otras cosas. Cuando hablo de “perseguir la transformación” me refiero a, literalmente, forzar la persecución sin respetar el tiempo, la repetición o al propio malestar. Una transformación forzada, además de ser una acción dudosamente ética, será una acción perfectamente elástica, donde la forma volverá a su posición inicial pasado un tiempo. Estaremos de nuevo, en el punto de partida.

12. SOBRE EL MATERIAL.
Ni que decir tiene que el material es el soporte del que están hechos los sucesos ficcionales de lo sucede a nivel simbólico. Esto significa una proyección constante a todos los niveles, forma, densidad, color, textura, calidad… La consideración del material con el que se trabaja viene acompañada de la formulación de una de las cuestiones más características del Arteterapia (una de esas posibilidades durante el acompañamiento que le dan función de diferenciación al Arteterapia con respecto a otras variantes terapéuticas); esto es, la doble función de análisis del material como objeto y como significante, como parte y como todo, como cosa vista y cosa que mira así como los múltiples significados (abiertos) que puede tener en la persona que realiza el proceso.

De esta manera, primará la calidad en aquellos materiales que usemos, quizá es interesante valorarlo como una categoría paralela a la calidad de aquello que ofrecemos como profesionales. Pero también habrá que estar atentos a las posibilidades que otorgan todos los materiales posibles, desde los adquiridos en cualquier sitio (como en un bazar) a los que no son propiamente artísticos (como podrían ser el uso de especias culinarias o cortezas de un árbol). Todo cuenta, porque la vida está hecha de cosas así, materiales que son transformados. Unos más previsibles, otros menos.

Y, por supuesto, cuenta y mucho cómo la persona se acerca a ese otro-objeto que se interpone o media en el espacio de transición de la creación. ¿Cómo es transformado el material? ¿Con cariño, con rabia, con miedo? El material, su disposición, uso y manufactura es una cuestión fundamental en Arteterapia.

13. SOBRE LA MIRADA.nedrum
La mirada como acto físico, inmediato. La mirada como componente de la interpretación necesaria al acompañamiento (no aquella que presupone significados, sino aquella que da un sentido a la marcha).

La mirada profesional en Arteterapia es crucial, ya que su dirección implica la impronta de una devolución, deseada o no, una huella que a su vez repercute en lo que la persona produce (por supuesto, esto no siempre sucede, en ocasiones, por suerte, la persona produce a pesar de nosotros). A diferencia de la terapia por la palabra, en Arteterapia lo puesto en juego es visible, tiene presencia física. Digamos que la dimensión de lo visible teje una sutil telaraña en el espacio arteterapeútico. Es fácil sujetarse, guiarse, pero también el tropiezo, el enredo.

De esta manera, la mirada inaugura una suerte de acto en el que se toca la producción. Es en ese acto performativo de la mirada donde, desde la suya, la persona encuentra la concreción de un contenido psíquico en virtud de los materiales utilizados y es donde, la y el arteterapeuta disponen sus bases para continuar acompañando.

14. SOBRE LA PROPUESTA.
Las propuestas son indicaciones. No podemos obviar el poder coercitivo de cualquier propuesta que salga de nuestra parte como profesionales. Es decir, por mucho que nos empeñemos en no dirigir la sesión, en no obligar a la persona a que haga algo de una manera determinada, tenemos que recordar que -en última instancia- la persona ha venido buscando ayuda o acompañamiento. Así que las propuestas siempre estarán del lado del difícil equilibrio entre el mandato, la sugerencia, el obsequio y la co-creación.

En este sentido, la propuesta puede ser un bombardeo insoportable, por muy aparentemente neutra que sea. A veces proponer demasiado es tan bloqueante como una página en blanco. Ese horror vacui delante del bloqueo, esa ansiedad del precipicio, tiene una dimensión especialmente considerable en Arteterapia y hay que andar con cuidado para no generar una obligación extraordinaria. Frente a la duda, la premisa siempre es la misma: quien manda en su proceso creativo es -exclusivamente- la persona; y eso, en ocasiones, puede incluir no querer hacer nada. Como quien calla. Como quien enmudece. El espacio arteterapéutico es, también, para callar, para no hacer.

La propuesta más valiosa es aquella que surge del acompañamiento durante el movimiento del propio proceso y que, inevitablemente, siempre es a medias con la persona. De lo contrario, se convierte en una especie de guía u hoja de ruta que, en ocasiones, puede ser un acierto, pero en la mayoría lleva al mero cumplimiento de una supuesta obligación impuesta por la presencia de la o el arteterapeuta.

15. SOBRE LA PACIENCIA.
El Arteterapia es un proceso terapéutico fundamentado en la paciencia, esto es, el saber o el poder soportar el paso del tiempo en medio del malestar, en medio del esfuerzo y esquivando el regusto ácido de la imposibilidad del resultado inmediato. El Arteterapia en su sentido más amplio pretende favorecer una reescritura simbólica, un glitch en la narración vital que genera malestar que acabase transformándola. Como una mutación. Con la imprevisibilidad por bandera, un proceso creativo necesita su tiempo, su dosis de deseo y su tránsito por el borde. Y antes de caer en el tópico del paciente como “la persona que acude para iniciar un proceso arteterapéutico que lo quiere todo ya”, planteémonos como profesionales cuánto de esa impaciencia no es sino nuestra cuando esperamos/buscamos/vendemos cambios o mejoras en el malestar de quien nos pide ayuda.

 


 

Nota al pie: *Artistante es una propuesta que encontré en Sara Paín (En sentido figurado, editorial Paidós), un concepto que me parece especialmente útil para designar aquella persona que se encuentra en medio de un proceso arteterapéutico, no es un paciente, no es un analizando, no es un artista, no es un usuario… artistante, podría ser una nueva designación de algo que queda más claro, alguien que está-en-medio-del-arte en el espacio arteterapéutico, un pasaje al acto que deviene al entrar en el dispositivo.

** Imagen: Metamorphosis, Eemyun Kang
*** Imagen: Autorretrato, Odd Nedrum.

Angustia (Editorial Origami, 2014), de José Ángel Barrueco

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Dice Darian Leader en La moda negra que la función del arte -de los procesos creativos, añadiría- no deja de ser la de mostrar construcción después del caos, la de ejemplificar para el espectador cómo se puede crear algo partiendo del dolor, de la falta; de la ausencia de los objetos, los lugares y del otro. Angustia (Editorial Origami, 2014), del escritor zamorano José Ángel Barrueco (1972) es un ejemplo que ilustra a la perfección la hipótesis de Leader.

Angustia es una narración, un relato subjetivo que contiene la secuencia mental, espacial y temporal de unos hechos, el diagnóstico de cáncer de una madre y su fallecimiento. El archivo de unas horas, pensamientos y lugares, entramado de coordenadas vitales, por los que se va moviendo un hijo, un hombre, que intenta comprender. Un hombre que busca y, con lo que encuentra, construye.

Angustia es una abstracción que en su conjunto deviene cartografía que finalmente toma una forma plástica: el mapa trazado desde el conocimiento de la noticia del diagnóstico hasta hoy. Un mapa que continúa porque produce un efecto de semilla en quien lo lee, inevitablemente, produciendo una cierta disposición del propio cuerpo a participar en esta historia, con sus protagonistas, con la dinámica de sus relaciones. Y el lector como espectador-experimentador atravesado: desde la visión remarcablemente honesta de aquel que narra, hasta la figura luminosa, tan real como fílmica -literaria-, de la madre.

Angustia es el hilo de plata trazado por una serie de viajes donde lo significantes tililan en su hueco vacío -tumbas, citas sobre la muerte, la enfermedad, la vida por encima de nosotros- y donde se intenta cazar los significados que se encuentran en esas palabras, rizomas también que se unen y a la vez dan a luz a este relato. Y la pregunta, ¿cómo lo hicieron ellos, ellas (Bernhard, Sontag…) para soportarlo?

Angustia es un órdago a la posteridad; el establecimiento de un dispositivo ficcional, tierra labrada a la conversión en personaje -y su eternidad- de una persona que transitó por el mundo real, una forma de perdurar en todos los mundos posibles. Un fantástico ejercicio de inmortalidad como sólo puede lograr la literatura, desde el enunciado y la ausencia inherente a toda palabra dicha, toda representación.

Angustia es una reflexión sobre la distancia, el amor, la culpa, la fuerza, el síntoma, el malestar, la alegría, el humor, la vida y la muerte. Un muestrario de posibilidad frente al vacío, alternativas dibujadas sobre el vértigo. Una aseveración sobre el valor fundacional de la palabra, sobre su función absoluta de lugar y cuerpo.

Angustia es un libro necesario que concierne a cualquiera. Es un regalo que viene del dolor y que conduce hacia el futuro. Y el futuro es ese lugar en el que seguimos estando, allí se habita en el continuo. Allí, uno siempre se encuentra.

Más información aquí

Blog de José Ángel Barrueco

Nueva página web de SIMBÓLICA

Nuestro proyecto de Arteterapia y Mediación Artística, Simbólica, ya tiene nueva página web. En ella encontraréis nuestra línea de trabajo, objetivos, servicios y quiénes somos, así como la manera de contactar con nosotros y el blog, donde iremos actualizando con artículos y noticias que consideremos de interés. Espero que os guste, para nosotros ha sido un placer contar con la ayuda de Astrid Ortiz que ha creado toda la imagen de la Asociación y el diseño web.

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Arte y terapia: “Echolilia”, de Timothy y Elijah Archibald

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¿Qué es la terapia? ¿Qué es terapéutico?

Cuando los medios promocionan trabajos como Echolilia se tiende a enfatizar la parte “terapéutica”: el acercamiento, en este caso, de un padre (Timothy, fotógrafo) al autismo diagnosticado de su hijo Elijah (diagnóstico que el propio Archibald pone en duda, a menos en la rigurosidad de la nominación). Pero quizá es una forma de perderse en lo moral, en una especie de alivio porque alguien ha alcanzado algo que el resto no puede. El impacto emocional de las historias de superación, ese lugar común donde van a parar tantos y tantos proyectos que, en realidad, perseguían objetivos más profundos y personales que lo que el espectador recibe de ellos. Quizá, si nos dejamos llevar por el trazo emocional, nos estamos perdiendo un porcentaje fundamental del valor de autenticidad de este proyecto. De manera que la propuesta es entender la terapia (en concreto del “otro”, si hablamos de proyectos a los que asistimos como espectadores) como algo más que un resultado del que estar complacido por simpatía.

Así que, en ese sentido, digamos que todo esfuerzo por establecer comunicación con el otro se trata de arte y, de alguna manera, en relación a un malestar podría establecerse como terapia. Por tanto, sí, hablemos de terapia y arte, pero porque estamos ante un despliegue hermosísimo de un acompañamiento mutuo, de una verdadera pareja artística que utiliza las herramientas para comprender (¿acaso no comprender no es ya un malestar en muchas ocasiones?), regalando al ojeador el espectáculo de sus dinámicas fotográficas.

Comenta el propio Archibald que las imágenes del proyecto son una colaboración con su hijo y que, por tanto, se trata de un reportaje sobre una relación, su relación. Las decisiones se toman en conjunto, las elecciones, los resultados. La realidad se conforma en una nueva narrativa (no en vano, el lema del proyecto es “Sometimes I wonder”) que permite nuevas posiciones en relación al eco de algunas acciones cotidianas, apropiaciones de la identidad, de los objetos, una suerte de puntos de encuentro con aquello que, en ocasiones, es tangencial e incomprensible para ambas partes. Se juega, pues, detener el instante de la repetición para poder asimilarlo. En un mundo-arteria de movimiento incesante, la fotografía vuelve a demostrar su capacidad de reclamar el espacio y el tiempo.

Echolilia, por tanto, es un ejemplo de lo que podría ser un movimiento multiversal de pareceres, una ramificación tras otra de distintas entradas perceptuales: consideraciones sobre la misma vida que parten de diferente posición (¿acaso no siempre lo hacen?) y se encuentran a través del ojo túnel-espectador de la fotografía.

Video presentación de los autores, aquí

Página web oficial, aquí

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Breves notas sobre: “Marina Abramović: the artist is present”

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1. De padres militares, héroes de la Yugoslavia de Tito. Frente a esa herencia del fetiche frente a la carne, Marina expone su mejor arma: su cuerpo. Elige la performance como disciplina principal.

2. Una retrospectiva sobre su obra debe ir más allá, ella quiere forzar la máquina. Demostrar que el tiempo del arte es irreal. Simbólico.

3. Aplica la marcialidad de su herencia en su desarrollo artístico. Se coloca en una prueba de resistencia física, donde el drenaje es emocional para el espectador. En realidad, en la performance real, siempre lo es.

4. ¿Es toda expresión arte? ¿Todo arte es expresivo? ¿Cuántas veces se escucha esa pregunta?

Es el último día, la situación es la siguiente: la artista se encuentra realizando la performance que da título al documental, una titánica empresa que consiste en sentarse durante toda la jornada en una silla con una mesa (aunque la mesa se retira en la última etapa de la exposición) sin ausentarse, dispuesta durante tres meses a mirar en silencio a toda persona que se siente frente a ella. El tiempo lo decide la propia persona, aunque con restricciones acerca de no tocar, no hacer movimientos extraños, etc. Por su parte, el compromiso de Marina consiste en no levantarse durante toda la jornada, sin comer, sin ir al servicio. Todos serán atendidos hasta el horario de cierre.

Las personas van pasando, como los días. La voz se corre, los que aún no sabían de la experiencia, van oyendo. Los que la han vivido, tan simple, tan emotiva y conmovedora, repiten o esparcen la palabra al resto de los visitantes. Así que, cuando quedan pocos días, las colas para poder asistir se endurecen. La seguridad ha de incrementarse.

Hay una chica, una performer, como ella se denomina. Comenta que, precisamente, esta exhibición es la que hizo que se interesara por esta disciplina artística y que, de alguna manera, estar haciendo cola y asistiendo ya es en sí una performance.

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Así que decide que, cuando le toque salir frente a Abramović, se desnudará. Decide hacer una performance dentro de la performance. Y ahí es donde se rompe el juego. No puede haber arte en su expresión, ya que sólo es una eyaculación de sentimientos sin una guía, sin un contrato con el espectador ni con su propio compromiso interior. Ha hecho esfuerzos, pero son en un plano tan realista (hacer cola, dedicar su tiempo), que no ha podido acceder a una creación verdadera, a algo verdaderamente real y simbólico. Es decir, no hay arte, porque no hay creación, sólo expresión.

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5. No toda expresión es Arte. Menos mal.

6. El arte, para que suceda, se despliega en torno a una serie de reglas, aunque sólo sea para romperlas, pero siempre está referido a ellas. Así, la principal regla de la performance es su compromiso con la realidad, su objetivo, explícito o implícito. Su aura poética como combinación de símbolos en complot, simpatía o aversión con el espectador. Es un arte del cuerpo hacia la modificación. La palabra es movimiento, pero el movimiento debe llevar ruptura con el simbólico del espectador.

7. El espectador no es artista por el mero hecho de interaccionar con la obra. De igual manera, cabría decir que cada vez somos menos espectadores, acercándonos más hacia la mera observación de la imagen. ¿Dónde nos lleva esa pereza?

8. ¿Hay arte en la performance de Marina Abramovic? No hay más que observar la rigurosidad de la ejecución, el efecto que produce. El universo que modifica. Las reglas en que se forma. Está en el sitio que proporciona la posiblidad para que lo sea, se desarrolla de la manera idónea.

9. ¿Es una diva? Sí. Desea ser observada. Pero es su elección. Lo ha estado eligiendo toda su vida. Podría haber sido militar, mujer de otro, cuerpo sometido. Decidió mostrarlo, regalarlo. Luchar por medio del arte, día a día. Sostenerse a través de él.

10. El silencio. El tiempo. El cuerpo. La obstinación. El esfuerzo. Todo es una cuestión de elecciones.

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Ficha del documental

Fragmento de la película con el último día de la perfomance

Arte y terapia: “My wife’s fight with breast cancer”, de Angelo y Jennifer Merendino

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12-29-2011 Following the hearse to Jen's burial

Alejarse de los tópicos sobre el Arte es entenderlo, con mayúsculas. Frente a la pregunta de qué es eso tan escurridizo del Arte, no hay más que remitirse a las pruebas: es aquello que el ser humano es capaz de hacer, que conmueve los cimientos de una concepción propia de la realidad, realizando la capacidad de albergar en su seno -en el interior de lo producido- lo oculto, lo oscuro, lo insostenible. Es la telaraña de Spiderman. Los tentáculos del Dr. Octopus. Las garras de Lobezno. El Arte es, sin duda, un arma personal y absolutamente transferible hacia un otro y el yo mismo que es nuestro propio Otro (ese del que se sabe, pero nada se sabe), esta es su razón de existir.

Así que, como comentaba, a las pruebas me remito. El proyecto que se presenta en esta entrada del blog no necesita de más palabras. La evidencia de las posibilidades del arte, en este caso, la fotografía, como herramienta de construcción y flujo capacitor de contingencia, como dotación de control de lo insostenible, es diáfana, luminosa. La producción conmueve por su sinceridad, por la luz de la constatación de un esfuerzo en contra de una corriente insoportable. Este resultado nos brinda algo que no todas las personas podrán decir de sus obras: una asunción narrativa, una deconstrucción de la adversidad que deviene en respeto, sea cual sea la matriz en la que la realidad continúa sucediendo.

Más allá de la moral, en brazos de la definición más hermosa de la ética que se pueda plantear, la de la responsabilidad, el magnífico trabajo personal y homenaje a otro ser humano, a una relación, a una concepción determinada del amor y el acompañamiento. El proyecto pre y postmortem del fotógrafo Angelo Merendino.

Una historia de Arte.

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Fuente oficial, página del proyecto, aquí. Facebook, aquí.

Visto aquí (gracias a Furiamag por el enlace)